viernes, marzo 23, 2007

Librero Encadenado.

Leer un libro es algo maravilloso. Sentir entre tus dedos las páginas que se van agotando y que paulatinamente van revelando ese misterio que está allí escrito, además vemos cómo nuestro cerebro se convierte en una sala de cine y cada vez que seguimos el curso de las imágenes que nos lanza la historia podemos proyectarlas en nuestra pantalla mental, sin la necesidad de hacer colas por los boletos en la taquilla y sin pasar molestias porque las palomitas de maíz están rancias, todo es fresco y nuevo dentro de un libro. Ese enigma que tanto nos intrigó cuando leímos el pequeño resumen que se encuentra en la solapa posterior de ese instrumento de conocimiento es lo que hace que tomemos nuestra billetera y paguemos con mucha expectativa lo que será nuestro escape del mundo real al mundo de las letras por un buen tiempo. Así cuando terminamos el primero quedamos con ansías de más, de mucho más; es entonces que una librería se convierte en el lugar de nuestros sueños, ese sitio donde se consiguen millones de palabras, cantidades incontables de finales, de personajes, de autores y de páginas que evocan miles de destinos y metas por cumplir. Dentro de esas paredes encuentras amigos inolvidables, ya sean reales o estén plasmados en papel, una librería es a fin de cuentas un lugar mágico donde viajar al espacio no cuesta caro, donde ballenas enormes entablan enemistades con los humanos, donde Troya existe todos los días con tan solo hacer un leve movimiento de muñeca e ir a la página de determinado libro. Es allí donde la lectura se vuelve parte de la historia humana.

Dentro de este mundo fantástico que implica leer, trabajar y querer a los libros, está uno de los personajes más importantes, es él, que aporta gran parte de la magia y el conocimiento para que todos los lectores puedan encontrar lo que están buscando: El Librero. Esté es un protagonista dentro de ésta novela mundial que se desarrolla en todos los lugares donde se encuentren librerías llenas de polvo, con libros apilados que llegan hasta el techo y donde un viejito generalmente te pregunta: “Bienvenido ¿dígame en que lo puedo ayudar?” El Librero da las claves para la resolución de las historias que se forjan a lo que una persona cruza la puerta de una librería; cada vez que la campanita suena (colocada adrede sobre la entrada para avisar que ha entrado alguien) eso le indica que ha llegado la hora de entablar una nueva amistad, que será conducida por las tramas y por los gustos en libros que se tengan. Educarse en este oficio no es nada fácil, pienso que cómo primer punto se debe amar a lo libros, sonara muy cursi pero es una realidad latente, así como un médico cuida de sus instrumentos con una precisión quirúrgica antes de cada operación; el que está comenzando en el mundo de vender libros debe cuidar con una calidad cultural y cómo si de su propio cuerpo se tratase, a los libros. Debe leer en grandes cantidades para obtener la cultura necesaria y es que nuestro lenguaje llegará hasta donde llegue nuestra lectura, así cuando nos enfrentemos a retos enormes, cómo esos clientes que siempre nos enseñan algo, vean que nosotros cómo verdaderos cadetes en la batalla afrontamos la situación. Él que escribe esto es un aprendiz de librero y sabe que el camino que falta por recorrer es enorme.

Todavía recuerdo cuando leí mi primer libro, “El Ocho” de Katherine Neville, tenía yo 13 años, pienso que un poco tarde para descubrir los libros, pasaba horas y horas sentando en el balcón de mi casa leyendo aquella historia fascinante de fórmulas para la vida eterna, piezas de ajedrez y romances en tiempos difíciles. Debo agradecer a la persona que me recomendó ese libro, porque plantó en mí la semilla de la curiosidad y las ganas de saber más acerca de cómo las historias eran hechas de papel y de cómo llegaban a mis manos para que las disfrutara. Después de un buen tiempo busque trabajo en una librería, era lo que quería hacer mientras asistía a la Universidad, ¡Y lo conseguí! Mi primer trabajo cómo librero empezó en una tienda llamada “Tecn.-Ciencia Libros”. Al comienzo no fue nada fácil empezar en un oficio cómo esté, además que el título que se nos da en está cadena de librerías es el de Asesor Integral, no él de librero. Es por eso que a medida que pasa el tiempo uno mismo debe irse forjando esa voluntad de querer vender libros y de hacerlo bien. En mi experiencia por estás librerías que representan una de las más grandes cadenas de ventas de libros que existen en Venezuela, he aprendido mucho así cómo también he observado todo lo que tienen que ofrecer las grandes tiendas de libros. Los que trabajamos allí, en especial los que tratamos al lector y lo ayudamos a encontrar lo que busca somos desvalorados cómo conocedores de libros nos ubican de últimos en la escala, debido a que parece que somos muy ignorantes para estar en un negocio con tanta tradición y que tantos seguidores tiene. Admito que en parte todas las criticas echas por los conocedores del ramo, por los libreros de profesión, tienen una base sólida y que también nosotros los que apenas estamos empezando en el oficio, no nos empeñamos muchas veces en conocer lo que estamos vendiendo.

Nunca he sido fiel creyente de ese dicho que dice: “Por uno pagan todos” o de ese otro que indica que “Una manzana podrida pudre a todas las demás”, siempre que vayas a una tienda cómo ésta vas a encontrar tus pros y contras; cómo en todo negocio, menciónenme algún lugar donde realmente la gente esté conforme, está en la naturaleza de los seres humanos ser inconformes con lo que tenemos. De repente tú que estás leyendo esto eres un lector asiduo, eres una persona que disfruta de esta deliciosa actividad, fuiste un día a una de estás tiendas y pidiendo un libro te encontraste con un muchacho que quizás está comenzando ahí y que no conoce nada de cómo se manejan las cosas, entonces es donde viene la molestia y la crítica al decir: “aquí no saben nada de nada”. Eso no es verdad, porque así sea que tienes mucho tiempo trabajando allí y te conoces la tienda de arriba/abajo o de repente eres un trabajador que se intereso en lo que vende y se dedicó a conocer algo acerca de esté negocio, uno como “librero” de Tecni.-Ciencias aprende bastante. Aprendemos además algo que es muy valioso para prosperar cómo librero: aprendes a querer a los libros, aprendes a cuidarlos, aprendes a ubicarlos después que una persona lo saco de su área y cómo cual perro callejero lo tira en otro sitio; es allí donde entra uno a rescatarlo y así devolverlo a su familia, a donde pertenece, para que pueda ser comprado por alguien que en realidad lo quiere. El orden es una de las primicias que nos rige dentro de está gran compañía, debemos estar pendientes de que todo esté en su orden, para que el lector no encuentre un sitio de desorden donde es más difícil encontrar un libro que vida en el planeta Marte. Somos una excepción a la regla de cómo debería ser una librería tradicional donde el concepto son libros amontonados desde el suelo hasta el techo, y con un señor que es un “duro” en su cuestión, diciéndote en menos de lo que cantan un gallo donde están los libros que quieres. Pienso que esto es una imagen bellísima de lo que es el oficio de un verdadero librero, pero nuestro target no es ese; por eso sí les molesta que de repente los libros estén forrados o que quizás tenga que pedir ayuda para poder verlos, no lo hacemos porque somos fastidiosos sino porque estamos protegiendo algo que queremos que llegue al lector intacto: los libros.

Mi rol con estás líneas no es ser un defensor de los inocentes, o quizás el San Miguel Arcángel de las grandes tiendas de libros, pero lo que si quiero es reivindicar un poco esa perspectiva tan desvalorada que se tiene hacia los que trabajamos en estos lugares y es que a muchos de los que estamos allí nos gusta en realidad lo que hacemos, quizás no para todos ese sea el trabajo de su vida pero lo hacemos con esfuerzo, porque cómo bono adicional nos pagan para trabajar en algo que es realmente fascinante. Muchos allí les gustan los libros, les gusta leer, sabemos reconocer que Faulkner no es una marca de cereal, que R. Chandler no es uno de los personajes de la serie Friends, que Sófocles y Euclides no son futbolistas griegos; así que aunque nos apoyemos en una computadora para buscar libros (cosa que no es rara en ninguna de las librerías de hoy en día) tenemos algún tipo de conocimiento, no todos somos simples “cajeros” o simples “vendedores” que están allí por pura obligación.

Es por eso que esté pichón de Librero, rinde un muy grande saludo y respeto hacia los libreros de profesión, se que el camino recorrido para llegar a saber todo lo que saben acerca de esos bellísimos objetos que se usan para imaginar y soñar, no ha sido fácil. Por eso promuevo que está conversación no cese y que en un futuro no muy lejano estás grandes cadenas de librerías sean también escuelas de libreros con la ayuda de los que saben acerca del negocio; y para mis compañeros de trabajo, los que quieran aprender acerca de lo interesante que es ser un conocedor de textos de ensueño, convirtamos nuestra personalidad en la de un Prometeo moderno, ese personaje que con su coraje le robó el fuego a los dioses para iluminar a los seres humanos, apliquemos eso a nuestro trabajo y así coloquemos nuestro granito de arena en está inmensa playa que son los libros. Eduquemos y al mismo tiempo aprendamos de los lectores, ofreciéndoles siempre algo de calidad, esa es mi percepción y cómo “Asesor Integral” de Tecni-ciencias sé que el ser librero no es fácil pero tampoco es imposible, sí tú mismo te echas una ayuda y dejas ese letargo cultural. Acuérdense todos que así seamos poetas o astronautas el leer es algo que ejercita el cerebro y que renueva el espíritu, por eso: ¿cual es el problema de hacer de ésta actividad un estilo de vida?
Jefferson.

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