martes, noviembre 03, 2009

MUERTE A LOS GORDOS

“Ojo con los gordos: a rebajar, a hacer dieta, a hacer ejercicio”, fueron las palabras que dirigió el presidente Hugo Chávez al pueblo venezolano, el pasado 25 de Octubre en su programa dominical “Aló Presidente”. Hay un pensamiento que no me he podido sacar de la cabeza desde hace rato, y es que pareciera que Venezuela es el único país donde el universo funciona al revés. Donde las autoridades están pendientes de planes de magnicidio, de espionaje, de complots para la desestabilización social y de crear una guerra de humo con Colombia. A un lado quedaron los “simples” homicidios de ciudadanos valiosos, y que ocurren a plena luz del día. Ya no nos importa el creciente narcotráfico y de como nos hemos convertido en cuna de terroristas.

Con mucho pesimismo escribo éstas palabras; ayer a la vista de una plaza, de un restaurante y de una comunidad que aún no sale de su asombro, fue asesinado el secretario del Consejo Legislativo de Miranda. Una persona que se destacó por ser mediadora de conflictos y que se había librado de muchos tentáculos dentro de la política. Pero, la Parka tiene un sentido del humor muy sádico y continua su abrazo demoledor sobre nuestra nación. Poco a poco dejamos de ser venezolanos para convertirnos en estadísticas; esos numeritos fastidiosos que engrosan los expedientes del Cicpc y de las morgues venezolanas, ahora la paranoia es nuestra mejor herramienta para combatir la inseguridad.

¿En dónde vivimos? y más importante ¿con quién vivimos? La destrucción de una sociedad empieza por el núcleo familiar. Los valores humanos dentro de la educación, están siendo reemplazados por la necesidad de tener los tres golpes diarios en la mesa, por garantizar un techo y para que no falten los cobritos en el banco. ¿Para qué estudiar cuando puedo agarrar un arma y ser hampón? Una interrogante que ya no se queda en las salas de cine, cuando vemos películas como “Secuestro Express”, “Sicario” o “El Don”; ahora esa es la premisa que domina las mentes de muchos jóvenes que al ver la falta de oportunidades, optan por un camino más fácil. Claro, esto no es excusa para nada; si hay algo que tenemos los seres humanos es la capacidad de adaptarnos ante las adversidades, una adaptación que muchas veces nos hace desarrollar una solución ante nuestro problema. Es por eso que la evolución de una persona dentro de un ambiente hostil puede tener muchas vertientes, queda de ellos elegir la correcta. Desglosar el tema de la seguridad nos da mucha tela para cortar; pasa desde un mejor equipamiento y calidad de vida para los funcionarios policiales, hasta la adecuación de unos centros de reclusión que pasen de ser agujeros del infierno a recintos de reconciliación.

De resto nos queda una gran indignación, impotencia y tristeza al ver que nos estamos quedando solos. Transportista de las líneas de Petare protestaron ayer por el asesinato de un compañero, además denuncian que deben pagar cuotas de entre BsF 50 y 60 a los choros para que no los roben. Hemos pasado de ser un Estado democrático a un Estado delictivo, en donde el psicoterror está a la orden del día. Atrás quedó la época en donde se podía salir con cierta tranquilidad a la calle, atrás quedaron esos recuerdos de cuando no tenías que desarrollar otro par de ojos para caminar por este país tan convulsionado. Muy lejos del conciente venezolano quedó la sensación de seguridad para pasar, como diría nuestra “flamante” Defensora de Pueblo, a una “sensación de inseguridad”.

¿Podemos confiar en los organismos de justicia? Da pena entrar a los tribunales de este país; primero porque pareciera que hemos quedado estancados en el siglo XIX donde los expedientes se acumulan a desdén, donde los recursos introducidos por los abogados deben sortear innumerables pasos burocráticos para que la causa sea seguida por un juez. Sistemas como el “Jurys”, que sirve para la clasificación de los casos penales en archivos digitales, no han dado la talla a la hora de apresurar las sentencias. No hay una comunicación regular entre los forenses y el fiscal, y pareciera que la ley de la pistola es la que manda en nuestras calles. Como olvidar el caso de linchamiento que se suscitó en El Valle el pasado 4 de febrero, cuando los vecinos cansados de la impunidad atraparon por sus propios medios a un violador que los tenía azotados. Lo quemaron, después de matarlo a golpes, y lo exhibieron en la calle como un recordatorio a los que se sintieran con el coraje de delinquir por la zona otra vez. ¿Es esto justificable? ¿Ahora nosotros seremos juez y jurado?

Ojala me quedaran ganas de decir que hay luz al final del túnel, porque si la hay, yo no la veo. Mientras el Gobierno Nacional nos manda a rebajar porque estamos gordos, cada fin de semana se posan decenas de cadáveres en las mesas del forense, yo lo sé me ha tocado ser testigo de esto. Y aún cuando muchos de nosotros disfrutamos dentro de nuestra burbuja mientras no nos pase nada, debemos entender que la barricada de protección hace tiempo que está levantada y ha dado paso a la peor de las pestes: la inseguridad.

Jefferson Díaz

domingo, octubre 25, 2009

PAZ MUNDIAL


No sabía como comenzar éste escrito, al principio me inclinaba por una experiencia personal pero después volvía a la idea de lo académico. Llegue a un punto donde me incline a no escribir nada y pensar en un mejor tema. Pero es tan llamativo escribir sobre la esperanza, y a la vez tan difícil. Muchas ideas románticas se me venían a la cabeza; los humanos siempre hemos percibido la esperanza como un conjunto de conceptos donde el bien siempre triunfa sobre el mal, el príncipe rescata a su princesa, las guerras se resuelven con bonitas palabras y los asesinos no son criaturas horribles sino seres mal entendidos. Un conglomerado de pensamientos impuestos por la televisión, el cine y unos cuantos escritores. Me decanté al final, por la idea de que escribir acerca de la esperanza es poner los pies sobre la tierra y pensar en el pasado y futuro.

Nuestra historia mundial nos ha dado seres excepcionales, humanos que a pesar de todas las circunstancias adversas han logrado trazar un camino de entendimiento. No digo de felicidad, porque ese término no hay que usarlo a la ligera. Algunos que no podemos dejar de mencionar: Martín Luther King Jr, Gandhi, La Madre Teresa de Calcuta, Benazir Bhutto; localmente: José Gregorio Hernández, la Madre Candelaria de San José y los miles de héroes anónimos que día a día sobreviven en una Venezuela convulsionada. Son estos faros, encendidos en momentos de oscuridad, los que nos dejaron toneladas de conocimientos para afrontar lo que nos hace daño. Sus referencias todavía duran y pegan duro contra las paredes represivas que colocan nuestros semejantes.

¿Qué tienen en común? Pues, una vida que no puso las cosas fáciles. La sociedad ha evolucionado con un gen de violencia, es preciso estudiar nuestras batallas y reconocer que somos seres violentos por naturaleza. Ningún otro animal en el planeta Tierra tiene la habilidad para destruir tan masivamente, como lo hacemos nosotros. Nuestra razón, principal elemento que nos hace los seres dominantes de nuestro entorno, se ha guardado en un cajón cuyas paredes están hechas de intereses personales, beneficios económicos, luchas de clases y estupidez. Es así, que poco a poco vamos recogiendo las piezas de lo que hemos roto sin aprender la lección. Tropezamos con la misma piedra infinidad de veces. Son las personas que llevan un mensaje de esperanza, las que han comprendido que hay otro gen en nosotros: el gen del entendimiento. Que después de siete millones de años de haber aparecido el primer hombre en el planeta, hemos aprendido más cosas, además de perfeccionar nuestras técnicas de asesinato.

Muchas veces me río de la clasificación de Primer Mundo y Tercer Mundo, como si tener más o menos nos hace diferentes. Obviando las teorías políticas y económicas, porque no estoy escribiendo para defender un capitalismo o un supuesto socialismo, son estas mismas identificaciones las que colocan las trabas en el camino. Caminamos en una casa que tiene infinidad de cuartos, las naciones; y que están separados por paredes que no dejan pasar el sonido, evitando la comunicación. La sala podría ser la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pero todavía estamos tratando de definir como la decoramos, sin estrenar muebles para sentarnos a conversar. Tenemos “líderes” que persiguen objetivos propios, para ellos la democracia quedó en segundo plano.

Ahora, ¿sabemos en realidad lo que es vivir en sociedad? El albatros es un ave que busca el bien de la bandada. Cuando un miembro de la misma no está cumpliendo con su trabajo, le dan un lapso de tiempo para que mejore, pasado ese intervalo y de no mejorar lo matan. Logrando así un equilibrio positivo para los miembros útiles del grupo. Es radical, es primitivo, no es humano. Su enemigo más peligroso es el hombre. Su hábitat se ha visto amenazado por los derrames de petróleo en las costas del mundo, las redes de pesca de arrastre y su caza en algunos países por considerar que ha sobrepoblados áreas donde hay viviendas humanas. No nos diferenciamos mucho del albatros, poco a poco hemos empezado a eliminar las especies que no nos parecen útiles, sino que las vemos como inquilinos de este mundo, o como fuentes de energía. Hemos caído en esa eliminación progresiva de animales para expandir nuestro terreno.

Lo mismo pasa con los humanos. Allí tenemos a Darfur, Ruanda, Costa de Marfil, El Salvador, Colombia, Tailandia, Indonesia, Palestina, Irak, Georgia, Corea del Norte y coloque usted su opción. Frentes de batalla donde se ha procedido a la eliminación de los humanos “débiles” y que no contribuyen con la humanidad. ¿Dónde quedó la esperanza? ¿Acaso la ONU ha brindado soluciones? Mis palabras están empañadas de desilusión y fracaso. En estos momentos es cuando recuerdo los discursos de mi madre donde me dice que deje de pensar en tantos pajaritos preñados y me ponga a producir. Triste pero cierto. ¿Qué puedo hacer por ellos? Nada, porque desde mi país las cosas no son color de rosa. En una ciudad como Caracas, donde en la morgue entran 80 cadáveres todos los fines de semana, es difícil pensar en la esperanza. Vivo diariamente en un frente de batalla. Mi trinchera es mi casa, y mi arma la paranoia; una herramienta que no me deja caminar tranquilo por la calle, que no me permite bajar la guardia y que me dice que todos los motorizados son ladrones potenciales. ¡Qué bendita manía con los prejuicios!

Mucha filosofía barata, como diría un amigo. Los venezolanos no vivimos, sobrevivimos. No producimos, almacenamos. No nos divertimos, vivimos el hoy y el ahora. Por eso decía al principio, que para hablar de esperanza hay que hablar de futuro. Muchos de mis amigos, por esta época, están recogiendo la cosecha de 5 años de estudio universitario. Como Licenciados de ésta República caribeña, salen al ruedo para empezar los estudios de la vida. Es cuando el futuro da una cachetada en la cara y nos dice: “marca los primeros pasos de tu camino”. Maletas hechas, destinos foráneos y muchos postgrados traducidos a Master, son los destinos cercanos de estos profesionales; el futuro parece que tiene las maletas hechas en nuestro país. No los culpo ¿quién podría? La juventud es así, abre el compás hasta que no da más.

Mis héroes, los que brindan mi esperanza son las personas que queden o que se van, mantienen un hilo de corazón con esa energía que los creo. Son los ojos de mi hermano de 2 años, que cada mañana llenos de lagañas me brindan un brillo de alegría y ganas de seguir partiendo a martillazos el muro que me rodea. Son los libros y la educación que me zarandea y me quita la pereza para obtener mi título. Es mi familia, que con su apoyo incondicional me da la fortaleza para luchar hasta que me canse. Son ustedes los que leen estas líneas, los que me dan pedazos del rompecabezas para desear el éxito. Un éxito que espero sea colectivo. Son estos momentos de reflexión, que me recuerdan que no soy un pendejo y que la astucia puede convivir con mis deseos romanticones de: Paz Mundial. ¡Salud!

Jefferson Díaz

martes, octubre 13, 2009

ESCOLAR


A finales de agosto, uno de los editores de esta revista me asignó la tarea de escribir una crónica acerca de mi paso por el colegio. Con el próximo inicio del año escolar, decidieron hacer el tema: “El regreso a clases”, como se hace todos los años. Me dio una semana para escribirla, de lo contrario la revista se imprimiría y mis palabras quedarían en el vacío; es por eso que armado de mucho café y refrescando mis recuerdos, una mañana (la previa a la fecha de entrega, como buen venezolano todo para el final) empecé a darle a las teclas del computador para terminar el trabajo. Puedo decir que mi idea principal es que pase 14 años en el mismo colegio, como muchos de mis compañeros de promoción, nunca nos mudamos de esa institución que ya tiene más de 60 años formando bachilleres en la avenida Fuerzas Armadas.

Es muy poco lo que puedo salvar de mis años en preescolar y primaria, principalmente porque en esa época uno es muy automático y menos analítico. A parte de unos cuantos incidentes menores con la disciplina inicial del colegio y el descubrimiento de la amistad, esta temporada no deja ningún material para adobar este relato. Es cuando se pisa bachillerato que empieza lo bueno. Para mí representaba un pasillo angosto, corto y con una lámpara, cuya luz me molestaba enormemente por las mañanas. Como ganado íbamos en marcha hacía los salones para recibir una información, que personalmente, yo no he usado. Pero para no caer en conceptos académicos, puedo decir que el impulso a leer y a ir más allá de lo establecido fue una de las mejores enseñanzas que me dejó la educación inicial.

¿De qué hablar entonces? Pues, hablemos de lo interpersonal, de los apodos, de los romances, de las travesuras, de las fiestas, del alcohol y de la preparación. Esos 5 años que pasan entre el azul y el beige, colocan las primeras vías para el tren de nuestra vida adulta. Lo primero que recuerdo del bachillerato es la originalidad de nuestros nombres escolares o “apodos”, y es que a una edad cuando lo imposible parece posible, nuestro coordinador se llamaba “Luigi”, con sus bigotes, la mirada de caricatura y la calva incipiente no lo separaba mucho del hermano de un famoso plomero que revolucionó el mundo de los videojuegos en los 80. Uno del personal de mantenimiento iba por las instalaciones de nuestra escuela dándose a conocer como “System”, salido directamente de una banda de rock, este personaje recibió una conmemoración eterna en una de las láminas del aire acondicionado que funcionaba en nuestro salón. Pasábamos por las variedades de “Catira” “Perra parida” “Vacation” “Lobo” “Cabernet” “Cachetes” “Negro”, uno clásico que no puede faltar; y terminábamos con un diccionario de nombres que por poco sustituyo la lista de asistencia oficial de la sección “B”.

Vamos dándole personalidad a la historia, porque ahora complementamos con lo que nunca puede faltar: las guerras de taquitos. Ese proyectil, cien por ciento casero, que en las manos adecuadas, podía convertirse en la peor pesadilla de un estudiante desprevenido. ¡Claro! en mi época elevamos esta actividad a un verdadero juego de guerra. Creo que ni los estudiantes de la Universidad Nacional Experimental de las Fuerzas Armadas (Unefa) estudian las tácticas de ataque, tan profesionalmente como nosotros; atrincherados detrás de unos pupitres inertes en el suelo, preparábamos el arsenal. Rollos de papel higiénico, agua y potes de jugos de medio litro, servían de municiones para atacar a todo lo que se moviese. ¡Carajo! que tiempos tan buenos. También teníamos las fiestas de fin de curso, que después del rutinario y fastidioso acto central que organizaba la administración de la escuela, se pasaba a los salones para reventar trapos. Con equipos de sonido precarios, comida, refresco y la sensación de un buen trabajo realizado, lo único que quedaba en pie de nuestra aula, eran las ganas de seguir celebrando.

Obviamente no terminamos en centros de detención juveniles, ni el Cicpc nos está buscando (hasta donde yo sé) lo que se dice arriba son la irreverencias de una juventud que hace tiempo quedó en el pasado. Todos tenemos nuestra cuota de rebeldía, y la mía se encendió durante esos años. Otro de los puntos que recuerdo son esas ganas de salir adelante, sin importar lo que pudiera pasar. Con ciertos traspiés en el camino, puedo asegurar en un gran porcentaje que había una unidad estudiantil entre nosotros. Desarrollar la confianza entre los 12 y 17 años no es fácil, pero esa bruma de apoyo gremial siempre estuvo encima de nuestras cabezas. Hoy en día puedo asegurar que no era el más popular en la clase, pero si algo pasaba en nuestro pequeño mundo que afectase el camino a la meta final, la razón surgía de los sitios más remotos. No todo era color de rosa, pero son estas experiencias las que forman las bases para salir a enfrentar un mundo que no deja espacios para los errores.

Siempre recordaré esa época, el colegio es nuestra independencia repartida en pedacitos. Vamos armando el rompecabezas de una personalidad que guiará nuestros pasos. Me siento orgulloso de la generación a la que pertenezco, deseo mi mismo éxito, y más, a los que compartieron esos años conmigo. Nunca me ha gustado ser un hombre de remembranzas, de recuerdos pasados y de cursilerías; pienso que lo aprendido basta para seguir adelante con nuestro destino. Entonces, más allá de las responsabilidades laborales que me asigna esta publicación, debo dejar este homenaje a aquellos que ahora no los veo todo un mediodía. Que sepan, que aunque estén en otros países, que aunque nunca fuimos los mejores amigos, que si nunca cruzamos palabra y el único registro de nuestra mutualidad es un documento que deja por sentado que nos graduamos juntos; sepan ustedes que esa época fue de las mejores y que se tatuó en mi cerebro.

Ahora tenemos al Facebook, al Twitter y al agridulce Blackberry para comunicarnos. Recuerdo a los inteligentes, a los peleones, a las niñas con su belleza naciente y a los panas con sus sueños de titanio. Son esos recuerdos los que me han dejado una memoria llena de momentos gratos, y que complementan mi vida fuera de Unidad Educativa Fray Luis de León. ¡Salud!.

Jefferson Diaz.
www.jefferson-mimundo.blogspot.com

domingo, septiembre 27, 2009

ENTREVISTA

Casi un mes sin mostrarme por estos predios. Las teclas de mi computador comenzaban a extrañarme, y entre sueños me llamaban desde la sala del apartamento: ¡coño siéntate y escribe en el blog! Entonces aquí estamos para tocar un tema que ha afilado algunas espinitas estos últimos días: la entrevista. Sí, la entrevista, esa acción necesaria que debemos tener en cuenta para conocer, medianamente, los puntos de vista de otra persona. Todo esto podrá sonar muy técnico, y no los voy a empapar con teoría de periodismo; de cómo se hace y que debemos tener en cuenta dependiendo del personaje. Quiero hablarles de la dinámica de una entrevista. Cuando esa chispa con el entrevistado nos hace acorralarlo, sacar el jugo a la conversa y, a pesar de todo, terminar como amigos.

Para mis colegas, más experimentados en esta materia, esto debe ser un paseo por el parque. Si bien uno se entrena para estas situaciones, porque es nuestro trabajo, ser un buen entrevistador es un arte. Saber que unas cuantas interrogantes, una palabra bien dicha y un gesto en el rostro, nos puede dar material para escribir muchas cuartillas; es algo muy interesante. Por eso todos están invitados para que aporten ideas y experiencias al tema. Porque entrevistar no se queda dentro del campo periodístico. Diariamente miles de personas lo hacen por un trabajo, un reportaje, una salida entre amigos, y hasta en una cita entre dos persona que se atraen. La entrevista irrumpe como un ciclón dentro de nuestro abanico de herramientas para obtener respuestas a nuestras incógnitas. Personalmente, más allá de las referencias acerca de mi carrera que pueda tener, pienso que mi mamá es mi mejor entrevistadora. ¿Por qué? Porque me conoce, y allí está una de las primeras claves de este negocio.

No tenemos que hacer un Doctorado sobre el personaje que estamos a punto de caerle a peña. Pero sí hay que hacer la tarea, un trabajo previo antes de abalanzarnos como zamuros sobre la carroña. El conocimiento previo nos dará una buena palanca de empuje para tomar el control de la entrevista, así evitaremos caer en un debate y que sea una sola persona el guía de la conversa. De lo contrario, encontraremos respuestas vagas y que no van al punto. A esto se le une la cortesía; creo que algunas veces he mencionado por aquí que uno en la vida tiene que ser como James Bond: preparado para las patadas, los tiros y las persecuciones en alta velocidad, pero con el smoking bien limpiecito y sin arrugas. Para ser incisivo y al punto no es necesario el insulto, para obtener resultados no es necesario irse por la tajante; una buena pregunta genera una buena respuesta, de lo contrario la interrogante nunca estuvo bien formulada. Y que conste, eso no lo digo yo, lo dice Álex Grijelmo, uno de los duros del periodismo en España. Es por eso que hay que endulzar la pastilla y cuando estemos a punto de diabetes, lanzar el lomito. Para los colegas, acuérdense que un periodista es alguien con licencia para preguntar incomodidades.

Ahora si no estamos involucrados con el Medio, hay elementos que nos señalan el camino de una buena sesión de preguntas. Primero analizar el ambiente, ver si hay terceros que conocen al objetivo y obtener información, observar vestimenta e indumentaria, activar las parabólicas para ampliar el compás de posibles preguntas y por sobre todo, confiar en tus propia biblioteca de saberes. Para que no te caigan a charlas. Vieron que eso de la entrevista es divertido.

Larry King y el: ¿qué es mejor, pedir perdón o pedir permiso?

Confieso que no vi por completo el Miss Venezuela, en esos momentos estaba entretenido con capítulos grabados de Mister Maker (tratando de que mi hermano cayera en los brazos de Morfeo) y escuchaba como mi familia en la sala gritaba al unísono: ¡muchacha pa’ bruta! Al día siguiente me entero del episodio con la señorita que representaba al Dtto. Capital. Rápido me conecte a Youtube y observe el video de la ronda de preguntas. Dos cosas puedo concluir de este episodio: uno, que es mejor quedarse callado cuando no se tiene nada bueno que decir, y dos, que fielmente creo que las preguntas en esta sección del concurso van con el propósito de hacer fallar a sus participantes.

Analicemos un poco esto, sí la nueva Miss Venezuela salió el pasado viernes en una entrevista (vieron que es entretenido) indicando que: “no se debe criticar a las muchachas, cuando después de mucho cansancio, trajinar en tacones, maquilladas y frente a 11 mil personas hay que pararse frente a un jurado para responder preguntas”. Totalmente de acuerdo “mi reina”, es inhumana esta sección. Cómo se puede pretender que después de meses de trabajar con maestros de oratoria, viendo videos de las preguntas anteriores y de trabajar bajo presión no se pueda contestar una estupidez. Si no estás lista para la presión, para qué coño te metes a un concurso de belleza. Más aún con lo hijo e` puta que es este país, y que le produce un morbo terrible ver como las misses se equivocan. Es con este último comentario que justifico mi idea inicial, las preguntas se hacen a propósito, para verlas fallar, para ver esos numeritos de rating subir. Ya me imagino a los productores del programa en la previa: vamos a ver quien la caga hoy; y ¡ZASSSS! ahora la Radio Rochela y el Chigüire Bipolar tienen bastante material.

Ahora con lo de Larry King, y sus entrevistas al “que no se puede nombrar” (AKA Hugo Chávez) y al presidente de Irán, me queda decir una cosa: no hay perdida, es un excelente ejemplo de como se hace una entrevista. Mucho de ustedes no coincidirán conmigo, quizás es cierto que Larry se embobo un poco con Chávez y fue blandengue con el iraní, pero algo no se puede negar, ese señor si que sabe preguntar.

Jefferson.

P.D para terminar les recomiendo los espacios web de dos colegas: primero http://www.fyrdowpedia.tumblr.com/ y http://www.didasonu.tumblr.com/ con propuestas interesantes y de contenido volátil. ¡Salud!

lunes, agosto 31, 2009

SEGURIDAD

No descubrí el agua tibia, y tampoco me caí de la cama. Como todos sabemos, siempre hay dos caras de la moneda. La diferencia está en el rostro que deseamos mostrar ante las diversas situaciones de nuestra vida. Soy partidario de que uno nunca termina de conocer a las personas, y sé que muchos allá afuera piensan lo mismo. En una época donde los ademanes del engaño y la ilusión están a la orden del día, se puede presumir que la confianza es una definición de instinto y no de lógica. Con la tecnificación de nuestros procesos, los seres humanos hemos olvidado herramientas fundamentales que nos permiten tener un recorrido más llevadero. Ahora con “Googlear” a un personaje, pensamos que se puede determinar un patrón de comportamiento.

¿Cómo tocar este tema sin caer en lo paranoico? ¿Qué situación determina la confianza? ¿Sabemos en realidad quiénes somos? Mostrar una personalidad frente a tu familia y otra en el trabajo, nos da muchas respuestas. Quizás no lo hacemos conscientemente, pero son esas acciones las que determinan que nuestro cerebro es una máquina bien aceitada para protegernos. Nacemos con un mecanismo de defensa que se activa en situaciones de riesgo o de profundo análisis; cómo explicar entonces cuando un desconocido se lanza a salvar a otro desconocido después de un accidente, y llegando a los casos más extremos, observamos como un psicópata prepara su ambiente para cometer horrendas acciones. Es interesante analizar como un bebé, un niño y un adolescente, que en ningún momento llegaron de otro planeta, puede desviarse del camino y elegir sendas tormentosas o un poco más tranquilas.

Rafael Garófalo, jurista italiano y creador de la Teoría de Criminalidad, sostenía que “un asesino nace, no se hace”. Es entonces aquí, cuando observamos que la multipersonalidad de un individuo, no tiene que empezar necesariamente con el lado bueno. Existen muchos ejemplos que determinan que tanto asesinos jóvenes como adultos sienten cierta afición por los delitos que comenten. ¿Es entonces la sociedad que los hace cambiar? ¿Los valores familiares no sirven para nada? Son preguntas ambiguas que no dan respuestas concretas, lo que sí sabemos es que dentro de un conglomerado de individuos cuando la violencia entra de lleno, los crímenes violentos están a la orden del día. Mejor ejemplo que Venezuela no hay.

Si bien muchos de nosotros no hemos vivido la violencia de primera mano (gracias a Dios) sabemos que está allá afuera. Lo dicen los medios de comunicación, lo dice la gente en la calle, lo dice el carnicero, lo dice tu mamá y lo dicen tus instintos. Siempre confía en esos instintos que desarrollan tu confianza. El pasado 26 de agosto la organización civil mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública (CCSP) indicó los resultados de un estudio donde ubica a Caracas como la segunda ciudad más peligrosa del mundo. De primer lugar quedó Juárez en México, y de tercera New Orleans en Estados Unidos (sí, en el “Imperio” también la cosa es delicada); según los resultados difundidos, en Caracas hay 96 homicidios por cada 100 mil habitantes. Tenemos entonces, un gran problema.

Pienso que la idea está en no tentar al destino. Claro, a todos no gusta vestirnos bien, comer bien, tener lo mejor y cómo decir que no. Si trabajamos tan duro por ello, porque no disfrutarlo. Pero el punto es, que no todos piensan igual. Ciertas condiciones sociales han hecho de nuestro país una gran lotería, donde nadie sabe cuando le tocará encontrarse con…bueno ustedes imagínenselo. Conocer como es el modus operandi, instruirse en cuestiones de seguridad y no creer que seamos la segunda llegada de Rambo, nos puede ahorrar muchas cosas. Eso sí, recuerden que pensar en tu vida y en la de los demás no te hace cobarde, te hace una persona que está consciente de que vale más un minuto de tu vida, que un carro o un celular.

Mis mejores deseos, y que siempre estén protegidos.
Jefferson.

domingo, agosto 23, 2009

VISIÓN

Ya, desde hace largo rato, me es difícil mirar las cosas fuera de la perspectiva del reportero. Quizás porque tengo cierta experiencia en el trabajo, o porque cuando uno está en la profesión de informar, nunca se quita el traje de impertinente. Lo cierto es que no me acuerdo de aquella persona que día a día se preguntaba como funciona una imprenta, como se escribe un artículo y como la continuidad de 24 horas no significan nada para un periodista. Trato de hacer memoria y de ubicarme en esa posición, pero no lo logro. Ahora, y sin presumir de nada porque todavía soy un pichón, el raciocinio crítico de una sociedad que clama por noticias se ha ido calando a mis huesos, como cuando se cocina un cochino, dándole vueltas hasta que esté en su punto.

¿Qué pasó con esa visión unipersonal de las cosas? ¿A dónde fue a parar esa barrera mental que nos bloquea nuestro lugar en el mundo? Pues se fueron, horas y horas dedicadas a un estudio, a una reflexión y a las buenas curdas han empezado a transformar la masilla, en un semi profesional. Todavía quedan muchas horas de estudio, muchas cuentas que pagar y muchos regaños que recibir; pero el muchacho que antes confundía la realidad con la imaginación, se marchó. Ahora lo que se aproxima es el futuro, un destino que aún no es cierto ni establecido, pero que dependerá de nuestras acciones y de nuestro entorno. Unos alrededores que últimamente se han visto confrontados a una imposición caudillista y demagoga, que busca sacarnos de las casillas del progreso y adentrarnos a la cámara de lo irracional. Hoy me doy cuenta, después de un letargo avanzado, que el fondo de este precipicio todavía no se ve.

La poeta Marguerite Yourcenar solía decir que: “el verdadero lugar de nacimiento es aquel donde por primera vez nos miramos con una mirada inteligente; mis primeras patrias fueron los libros”. Dicha frase me viene como anillo al dedo, y sin temor de caer en lo repetitivo o en la pseudo intelectualidad, la lectura ha reforzado muchos criterios y muchas decisiones. Pensamientos enfocados hacia el mejoramiento de mi capacidad y la capacidad de mis semejantes, pues de nada sirve ser progresista si tus compañeros aún no se montan al carril del desarrollo. Acepto que el civismo y la comprensión son estados de conciencia mental, y no posiciones que se obtienen a base de sangre y peleas. Es por eso que desde mis entrañas sale el más profundo odio visceral hacia las personas que valiéndose de una altanería pasajera, quieren imponer sobre los otros su manera de convivencia. Frases como: “rodilla en tierra” o “patria, socialismo o muerte”, hacen que la condición venezolana se transforme en un camino lleno de serpientes y chacales, dispuestos a retener cualquier migaja con tal de que su status quo perdure.

Ya no se habla del pluralismo democrático, la transición de poderes es cosa del pasado y la meritocracia es un vago recuerdo. Logros que para bien o para mal se habían establecido dentro de nuestra sociedad; que permitían que los engranajes de la democracia corrieran, bastante malogrados, pero corrieran. Ahora nos vemos de cara con todo lo que habíamos desechado, y es que en algún momento de la vía perdimos el oriente y nos dejamos embelezar por magníficas promesas. Caímos en el juego de cambiar espejos, por oro y piedras preciosas. En el libro El Tema de Nuestro Tiempo de Ortega y Gasset hay una frase memorable: “Tiempos de jóvenes, edades de iniciación y beligerancia constructiva”, palabras que nos hacen evocar nuestra edad, que nos remiten a un tiempo donde todo no parece estar en su debido lugar y se tiene que luchar por lo que se cree correcto. ¿Será que Venezuela olvido esos tiempos? ¿Ya no creemos en la sangre nueva y nos conformamos con lo que sea? Espero que la respuesta sea negativa, aunque mi creciente optimismo me hace pensar que así será. No somos los mismos de hace 10 años, no respiramos el mismo aire político, hemos descubierto nuestra voz y estamos haciendo uso de ella. Claro que ahora se viene el joropo, nos toca pasar nuestra prueba más dura: ganarnos el derecho a ser libres.

Si bien la libertad es una condición inalienable y no debería representar ningún premio. Es una referencia que se nos ha quitado, y ahora debemos pelear por ella. Hay que hacer uso de todo lo que hemos aprendido, de nuestras experiencias, aprovechar que algunas barreras mentales se han ido y ahora la macilla se está transformando en una nación que quiere echar pa’lante. Nos merecemos el gobierno que tenemos si no hacemos nada, y en esto me incluyo, no hay ganancia en la pereza y en la desidia. Desde nuestros hogares, sitios de trabajo y en la calle, hay que promover la libre expresión y el deseo de ser plenamente libres de un Estado abusivo y retrechero. Veamos hacia un futuro positivo, y cuando estemos allí no lograremos acordarnos de cómo se veían las cosas cuando estábamos aislados de la realidad y el progreso.

Jefferson.

domingo, agosto 16, 2009

RACIOCINIO


Todos en algún momento de nuestra vida le tenemos miedo a la oscuridad. Esa sensación de desconocimiento se nos cala hasta los huesos y no nos deja dormir, ocasionando las peores pesadillas y que corramos a protegernos. Es por eso que tenemos un sistema predeterminado que nos impulsa a conocer todo lo que nos rodea, lo comprobamos cuando nos mandan al colegio, después vamos a la universidad y por decisión propia sacamos postgrados y continuamos la cadena de aprendizaje. Es innato en los seres humanos que no nos agrade lo que no conocemos, y es que al vernos fuera de nuestro entorno de confianza, regresamos a las acciones primarias y nos ponemos al nivel de nuestros primos primates.

Y como una sociedad está conformada por un conglomerado de personas, se podrán imaginar el pastel que se forma cuando unos están a gusto con su ambiente y otros no tanto. Pero, ¿es realmente necesario seguir los pasos determinados de conocimiento? ¿no serán esos patrones los que ocasionan que en algún momento del camino nos descarrilemos? Desde que pude discernir entre lo que me parece correcto y no, soy fiel partidario de que hay enseñanzas que ya se caen de maduras. Datos y experiencias que no se adaptan al mundo que estamos viviendo. Sería mejor dejarlas como un estudio histórico y que su lectura se haga bajo una guía especializada, que nos permita no tomarnos las cosas muy en serio cuando lo amerita. Recientemente está en boca de todos la educación, y es que como estábamos dormidos, sentimos que nos zarandean el bulto escolar y hemos reaccionado.

Un buen ejemplo de lo arcaico de las educaciones preestablecidas, es ese deseo ferviente de adoctrinar a los estudiantes. Ya sea indicando que tal cosa es así porque un libro lo dice, o porque un señor que lo escribió hace años sentenció que así era. Y en vez de crear bachilleres, universitarios y profesionales que sean capaces de sacar conclusiones de su entorno, sacamos como chorizos a personas que no ven más allá de sus narices. Claro está, que hay cosas que son incuestionables, como que el cielo la mayoría de las veces es azul o que la gravedad siempre nos lleva para abajo; pero pensemos un poco fuera de la caja y separemos las cosas que nos han sido útiles después de cinco años de estudios de tercer nivel de las experiencias personales de toda una vida. Nos encontraríamos con una lista muy dispareja. Pienso que la educación debería tener dos aristas fundamentales: una que reconozca el esfuerzo de agarrar un libro por tanto tiempo y que de ese estudio, concienzudo y enfocado a mejorar nuestros conocimientos, obtengamos una denominación o título. Segundo, enfocarnos en que no tan solo tenemos el cerebro para restar, sumar y aprendernos al caletre lo que nos pongan enfrente, que nuestro raciocinio puede nutrirse y que las cosas a veces son más simples de lo que uno cree.

Es por eso que hay que luchar contra todo tipo de adoctrinamiento, sea político, religioso o social. Venga del Estado, de la escuela o de la familia, uno de los mayores regalos que tienen los humanos es el libre albedrío. Herramienta, harta conocida por todos, pero que algunos se empeñan en desconocer.

¡Con mis hijos no te metas!

Somos hipócritas, sí, lo somos. Tan solo cuando mis intereses se ven en peligro nos activamos a la defensa. Recuerdo que cuando estaba en el colegio, y era hora de recoger la boleta (momento de terror para cualquier joven de primaria o bachillerato) muy pocos padres o representantes se sentaban con el maestro para descifrar que andaba bien o mal con su hijo. Como robots iban, firmaban la asistencia y al revisar el reporte clasificatorio de su hijo, decidían si un abrazo o un bofetón era la medida de acción. ¡Sólo dios sabe lo que pasaba en casa! Es así que dejábamos la educación de nuestra más valiosa posesión, a extraños. Aborrezco que una Asamblea Nacional trabaje como gatas ladronas, de noche y al sigilo, para aprobar leyes represivas y que van acordes al pensamiento de un caudillo. Pero también reprocho que el dicho “la educación empieza por casa”, ya casi no se aplique. Son los padres los garantes de verificar que la educación que reciben sus hijos, sea la adecuada.

Uno en problemas de pareja y en decirles a los demás como criar a sus hijos, no debe meterse. Eso es ley. Claro, ahora con una LOE que nos quiere colocar un chip “socialista” en las aulas, hace que el problema sea de todos. Es por eso que hay que activarse, revisar página por página libros de texto y sentarse con los profesores para ver que es lo que se dice en clases. Desde nuestros hogares, hacer uso de la experiencia adquirida, y como Sócrates y sus discípulos, guiarlos por el camino correcto. El trabajo apenas empieza, pero si somos inteligentes no caeremos en lo que quieren los que se ponen de tú a tú con los primates.
Jefferson.