domingo, agosto 23, 2009

VISIÓN

Ya, desde hace largo rato, me es difícil mirar las cosas fuera de la perspectiva del reportero. Quizás porque tengo cierta experiencia en el trabajo, o porque cuando uno está en la profesión de informar, nunca se quita el traje de impertinente. Lo cierto es que no me acuerdo de aquella persona que día a día se preguntaba como funciona una imprenta, como se escribe un artículo y como la continuidad de 24 horas no significan nada para un periodista. Trato de hacer memoria y de ubicarme en esa posición, pero no lo logro. Ahora, y sin presumir de nada porque todavía soy un pichón, el raciocinio crítico de una sociedad que clama por noticias se ha ido calando a mis huesos, como cuando se cocina un cochino, dándole vueltas hasta que esté en su punto.

¿Qué pasó con esa visión unipersonal de las cosas? ¿A dónde fue a parar esa barrera mental que nos bloquea nuestro lugar en el mundo? Pues se fueron, horas y horas dedicadas a un estudio, a una reflexión y a las buenas curdas han empezado a transformar la masilla, en un semi profesional. Todavía quedan muchas horas de estudio, muchas cuentas que pagar y muchos regaños que recibir; pero el muchacho que antes confundía la realidad con la imaginación, se marchó. Ahora lo que se aproxima es el futuro, un destino que aún no es cierto ni establecido, pero que dependerá de nuestras acciones y de nuestro entorno. Unos alrededores que últimamente se han visto confrontados a una imposición caudillista y demagoga, que busca sacarnos de las casillas del progreso y adentrarnos a la cámara de lo irracional. Hoy me doy cuenta, después de un letargo avanzado, que el fondo de este precipicio todavía no se ve.

La poeta Marguerite Yourcenar solía decir que: “el verdadero lugar de nacimiento es aquel donde por primera vez nos miramos con una mirada inteligente; mis primeras patrias fueron los libros”. Dicha frase me viene como anillo al dedo, y sin temor de caer en lo repetitivo o en la pseudo intelectualidad, la lectura ha reforzado muchos criterios y muchas decisiones. Pensamientos enfocados hacia el mejoramiento de mi capacidad y la capacidad de mis semejantes, pues de nada sirve ser progresista si tus compañeros aún no se montan al carril del desarrollo. Acepto que el civismo y la comprensión son estados de conciencia mental, y no posiciones que se obtienen a base de sangre y peleas. Es por eso que desde mis entrañas sale el más profundo odio visceral hacia las personas que valiéndose de una altanería pasajera, quieren imponer sobre los otros su manera de convivencia. Frases como: “rodilla en tierra” o “patria, socialismo o muerte”, hacen que la condición venezolana se transforme en un camino lleno de serpientes y chacales, dispuestos a retener cualquier migaja con tal de que su status quo perdure.

Ya no se habla del pluralismo democrático, la transición de poderes es cosa del pasado y la meritocracia es un vago recuerdo. Logros que para bien o para mal se habían establecido dentro de nuestra sociedad; que permitían que los engranajes de la democracia corrieran, bastante malogrados, pero corrieran. Ahora nos vemos de cara con todo lo que habíamos desechado, y es que en algún momento de la vía perdimos el oriente y nos dejamos embelezar por magníficas promesas. Caímos en el juego de cambiar espejos, por oro y piedras preciosas. En el libro El Tema de Nuestro Tiempo de Ortega y Gasset hay una frase memorable: “Tiempos de jóvenes, edades de iniciación y beligerancia constructiva”, palabras que nos hacen evocar nuestra edad, que nos remiten a un tiempo donde todo no parece estar en su debido lugar y se tiene que luchar por lo que se cree correcto. ¿Será que Venezuela olvido esos tiempos? ¿Ya no creemos en la sangre nueva y nos conformamos con lo que sea? Espero que la respuesta sea negativa, aunque mi creciente optimismo me hace pensar que así será. No somos los mismos de hace 10 años, no respiramos el mismo aire político, hemos descubierto nuestra voz y estamos haciendo uso de ella. Claro que ahora se viene el joropo, nos toca pasar nuestra prueba más dura: ganarnos el derecho a ser libres.

Si bien la libertad es una condición inalienable y no debería representar ningún premio. Es una referencia que se nos ha quitado, y ahora debemos pelear por ella. Hay que hacer uso de todo lo que hemos aprendido, de nuestras experiencias, aprovechar que algunas barreras mentales se han ido y ahora la macilla se está transformando en una nación que quiere echar pa’lante. Nos merecemos el gobierno que tenemos si no hacemos nada, y en esto me incluyo, no hay ganancia en la pereza y en la desidia. Desde nuestros hogares, sitios de trabajo y en la calle, hay que promover la libre expresión y el deseo de ser plenamente libres de un Estado abusivo y retrechero. Veamos hacia un futuro positivo, y cuando estemos allí no lograremos acordarnos de cómo se veían las cosas cuando estábamos aislados de la realidad y el progreso.

Jefferson.

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