miércoles, julio 29, 2009

LITERATURA ESCRITA RÁPIDO



¡Vamos al grano! Me disculpo por mi falta de atención a este espacio por más de un mes, es todo lo que diré. Continuemos con la escritura, porque es difícil agarrar el hilo de lo poético, de lo narrativo o la reflexión, después que pasas interminables horas escribiendo malas noticias. Las buenas por lo general siempre se escapan en este país, están allí, pero hace falta un GPS para encontrarlas. El mayor miedo de un escritor es enfrentarse a una página en blanco, sin tener las herramientas adecuadas para ir a la guerra; vemos como esa cuartilla amenazante nos envuelve en sus penas, en sus dudas y si no somos fuertes, nos manda a la banca, fuera del juego y para la segunda división de unas grandes ligas que no admiten “textos mediocres”.

Lo mismo pasa cuando te enfrentas al espacio que te asignan para la noticia. ¡Claro! te acuerdas de las clases de Redacción que veías en primer semestre, revisas mentalmente tus apuntes de Informativo y te lanzas al ruedo para escribir un lead que más o menos quede presentable al lector. Estrellarse contra esa pared la primera vez, requiere de mucho valor, determinación y certeza de que nuestra vocación va enfocada a escribir para informar, y si queda algún tiempo, para descubrirnos. Como bien lo dice Ray Bradbury en su libro Zen en el Arte de Escribir: “Uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo destruya”. ¡Excelente frase para un periodista de impresos! Y si lo pensamos bien, para cualquier reportero que desee portar con dignidad ese título. Escribir reportajes, artículos y noticias, es como hacer literatura, pero de una manera mucho más rápida. La comunicación por signos, letras, palabras y oraciones es un arte que requiere de capacitación y por sobre todo de muchas ganas.

Ahora bien, ustedes dirán: “Y este pichón me viene a decir a mí como escribir”, todo lo contrario amigos, lo que quiero es compartir mi visión del teclado, para que me muestren los atajos y las preferencias a la hora de escribir un texto de calidad. Muchos de los problemas que observamos hoy en día en la prensa venezolana no debemos atribuírselos a malos editores, es una cuestión de motivación. Es como si Da Vinci a la hora de pintar la Mona Lisa, le hubiese dado por irse temprano a su casa para la cena y hubiera dejado chapuceado su mejor trabajo. Si bien nosotros no escribimos poemas, novelas o cuentos; sí escribimos historias reales, relatos con personajes de carne y hueso, y novelas de amor y dolor que hacen que Oscar Wilde se retuerza en su tumba. Nuestra responsabilidad es con los lectores que a diario pagan BsF 1,80 (precio del Últimas Noticias, valga la publicidad) para leer el libro de su entorno. ¿Cómo mejorar esa comunicación? ¿Cómo plantarle cara a un gobierno que no pela una para sacarnos el Código de Ética del Periodista, y tildarnos de embusteros?

Responsabilidad es la palabra, nada más y nada menos. A la hora de montar una olla, cuando estamos encochinados y escribimos lo primero que venga, cuando la creatividad nos abandona y nuestros dedos van inertes a las teclas para sacar cualquier cosa; debemos tener activado el chip que nos recuerde que cuando venga la batalla, es nuestro nombre lo que está en juego. He tenido el placer de trabajar con algunas de las mejores personas en este negocio, y coinciden en que esa pequeña palabra que empieza todos nuestros textos es lo más importante dentro del medio, todo los demás es utilería. Formemos entonces una coalición de profesionales que se preocupan por su futuro, por el futuro de la comunicación en Venezuela y por la recuperación de la credibilidad, término muy malogrado por estos días.

También pongamos corazón a nuestro trabajo, es muy excitante cuando vemos el material final bien hecho; cuando nos acostamos y sabemos que hemos dejado por escrito la calidad de nuestra profesionalidad. “La pasión mueve montañas, marca caminos, destruye vidas y levanta éxitos” bien lo escribe Robert Greene en su libro Las 48 leyes del Poder. Es esa sensación de satisfacción que nos brinda el poder necesario para hacer frente a las barreras de nuestra propia inseguridad. Para dejar correr las idioteces de los envidiosos y para hacerse notar, sutilmente, pero reconocido entre los que deben reconocerte.

Mucho éxito y prometo no perderme más.
Jefferson.

martes, junio 02, 2009

Fútbol


Originalmente esta nota iba a describir la excelente actuación que ha tenido el Caracas F.C. en sus últimos partidos, tanto en el torneo Venezolano como en la Copa Libertadores, pero después de haber estado dentro del Olímpico y haber sentido en carne propia lo que el deporte Rey hace a las personas, decidí que es mejor ahondar un poco más en el tema. No por esto voy a dejar de lado a los "Rojos del Ávila", los once futbolistas que tanto hacen delirar a la afición caraqueña tendrán su espacio dentro de mi blog.
Venezuela siempre ha sido un país de béisbol. Este deporte tiene más de 114 años de historia en nuestras tierras y centenares de grandes ligas criollos demuestran que donde nació Bolívar, lo que sobran son pitchers, catchers, rightfielders, leftfielders y todo lo que tenga que ver con el deporte del diamante. Al saber esta realidad es lógico observar que la fanaticada venezolana siempre se ha volcado a los estadios de béisbol para apoyar a sus equipos, y que cristianamente durante la temporada del béisbol gringo, nos arrinconamos frente al televisor para ver a un Johan Santana sacar hasta 12 ponches por juego o al "Kid" Rodríguez salvar otra partida, mientras con actitud desafiante agradece al "chivuo" por los favores recibidos. Y es que jugar pelota en nuestro país es tan cierto como que tenemos un sinfín de maravillas naturales y que nuestras mujeres son igual de bellas como son echadas pa'lante.
Gracias a su ubicación geográfica, Venezuela tiene la dicha de tener una sociedad multicultural, de allí que el Caribe nos haya legado la pasión por el béisbol; pero mirando hacia el suroeste del país no podemos olvidar nuestra parte andina, y es allí donde el fútbol empezó a tocar la puerta. Al ser el fútbol un deporte que no necesita pasaporte sino 22 jugadores, tres arbitros y una cancha, esta actividad ganó terreno y se estableció en los estados Táchira, Trujillo y Mérida. Mucha de la migración Colombiana que llegó a nuestras fronteras, trajo bajo el brazo un balón de fútbol y empezaron a maravillar a más de uno por esos lares, sembrando la semilla de Pelé y Maradona. Bueno pues la historia es sencilla, no requiere de muchas explicaciones, el fútbol nunca fue rival del béisbol, éste último superaba con creces en afición y en interés; pero ¿qué pasó? ¿qué fue lo que inclinó un poquito la balanza hacia los penaltys y las tarjetas amarillas?
Todavía en nuestro país la pasión por el béisbol es enorme, es una tradición que se pegó a nuestros corazones. Pero esa pasión no contaba con la llegada de un señor que con sus ganas de triunfar, puso 90 minutos de juego en todos los venezolanos. Sí, hablo de Richard Páez, un individuo odiado por muchos y amado por otros, pero que volteó la mesa y dijo a viva voz que aquí también se juega fútbol. Es por eso que ahora, con nuestra Vinotinto, las pasiones nacen y como pequeños infantes dan sus primeros pasos de apoyo para que nuestra selección llegue por primera vez a un Mundial. La fanaticada del béisbol es apasionada, no lo niego, pero esa determinación está estructurada por jugadas de estrategia y situaciones meditadas. Si bien el venezolano es apasionado en todo lo que hace, dentro del béisbol esa pasión cambia, se transforma y se convierte en una gran espectadora. No es mi deseo disminuir ninguno de los dos deportes, por allá afuera hay personas que se desviven por la temporada de los sluggers, pero es necesario marcar diferencia entre lo que impulsa a un fanático del fútbol y a uno del béisbol.
Por mi parte yo soy fanático de los Navegantes del Magallanes (lo sé, lo sé, por favor los Caraquistas ahorrarse los comentarios) pero dentro del fútbol nunca fui fiel a nadie. Ahora bien cuando se desata la popularidad de este deporte aquí, fui absorbido por la ola de acontecimientos. Primero por mi sentido nacionalista, un equipo de 11 personas que dejan la vida en el terreno para dejar los colores patrios bien en alto, segundo porque es reconfortante observar que nuestros jugadores saben parar un balón y ahora miran hacia arriba cada vez que corren la pelota. En pocas palabras, en Venezuela ahora también nacen buenos delanteros, defensas, laterales izquierdos y derechos, e inclusive tenemos a nuestro propio René Higuita o me van a decir que Renny Vega a veces se pasa de payaso. Es por eso que cuando el pasado 23 de mayo fuí al partido de ida de la final del fútbol venezolano, nunca me imaginé que vería a una afición vibrante, leal y vigorosa participando como el jugador 12. Poco sabía lo que me esperaba el 27 de mayo en juego de Copa Libertadores.
La Insurrección.
Llegamos tres horas antes del juego, los amigos con los que iba me indicaban que así era mejor porque después: "sería imposible obtener buenos asientos". Y así desde mi lugar pude observar como el Olímpico iba llenándose poco a poco, como sus entrañas iban quedando expuestas por la cantidad de pancartas, avisos y camisas rojas que anunciaban un vendabal de fanáticos dispuestos a apoyar a su equipo a toda costa. El Caracas F.C. equipo de la capital venezolana, equipo con la mayor cantidad de campeonatos en el fútbol local (diez en total) se enfrentaría al Gremio de Sao Paolo en el juego de ida de los cuartos de final de la Copa Libertadores. Mientras veía el terreno, mis oídos se agudizaron y escuchaba las conversaciones espontáneas entre extraños que debatían cual sería el resultado y la estrategia a seguir. "Necesitamos ganar aquí, en Brasil es muy difícil" "Prefiero que dejen un buen resultado en copa y que en el torneo local le den chance a los jóvenes" "Gremio viene invicto, no será fácil, pero aquí el Caracas nunca pierde", fueron horas de intensidad en donde pude evidenciar que el fútbol ha llegado para quedarse.
Quince minutos antes del pitazo incial no cabía un alma en el estadio, casi 40 mil almas llenaron hasta el tope una ilusión que empezó hace diez años, cuando una Vinotinto comenzó a derrotar gigantes. Cuando ese equipo convirtió a Venezuela en la David de Latinoámerica, un continente lleno de Goliats futboleros. Es en ese momento cuando a ritmo de tambores y pitos hizo su entrada la gloriosa barra del equipo rojo. "Los Diablos" "Los Ultras" "Los revoltosos" "Los que dejan todo en las gradas" esos fanáticos que al unísono prendieron la fiesta con un gran: ¡Dale Ro, dale, dale, dale Ro!. Uno veía antes por televisión como las barras del Manchester United, del Chelsea, del Inter, del Milán, del Real Madrid (equipo del cual soy fanático. Lo sé, lo sé, los del Barcelona por favor ahorrarse comentarios) preparaban sus feudos antes de la gran batalla; y es que el fútbol es y siempre será una representación de batallas simbólicas entre países, donde no tan solo está en juego los puntos de un torneo, sino que también se lanza al ruedo la honra, el orgullo y la determinación de un pueblo entero. En fin, el fúbol es una manera de batallar para ser los mejores dentro del continente. Les digo entonces que en Venezuela, nuestros soldados/hinchas se entrenan y vaya que han sido excelentes en ese entrenamiento.
No se ganó, tampoco se perdió. Un empate marcó el fin de la jornada, donde un equipo rojo insurrecto peleó hasta el final contra uno de los mejores de Brasil. Sin dejar un mal sabor de boca, ahora la batalla será en territorio enemigo, veremos que pasa. No debemos olvidar que al frente de la esperanza criolla está un felino audaz y persistente, y es que Noel "Chita" Sanvicente, el nacido en San Félix, trajo de tierras llaneras sus lanzas listas para dar la batalla. Con su trabajo y victorias se ha echado al hombro una responsabilidad enorme, y su talento lo ha demostrado con creces. Queda lista la mesa para seguir haciendo historia, ya el escenario se empieza a montar para lo que será un capítulo más de nuestra pequeña historia dentro de las páginas del fútbol mundial.
El tiempo extra.
Ojalá y todos siguieramos los ejemplos que se dan dentro de la cancha. Donde lo justo y lo injusto es resuelto de inmediato, sin la necesidad de pasar por procesos burocráticos que nos roban un pedazo de nuestras vidas. Donde una tarjeta roja o amarilla determina un castigo necesario, sin que el papeleo inunde nuestras necesidades de rectitud. Los humanos hemos creado deportes desde tiempos inmemoriables para escapara de la realidad y de la rutina diaria, pero sin darnos cuenta creamos una actividad que se asoma por encima de nuestras leyes y tradiciones. Creamos escenarios donde en 90 minutos, una hora, dos horas, se resuelven las diferencias y se determina quién es el mejor, y porque es el mejor. Una vía donde los obstáculos se resuelven con talento y no con bravuconerías.
Claro que después de que suena el pitazo final. Volvemos a nuestro estado, nuestras actitudes violentas alimentadas con el furor de la competencia, nos hacen destrozar estadios, caernos a tiros y lanzar botellazos. Es el deporte, una de las tantas gasolinas, que nos permite darnos cuenta de lo que somos capaces de hacer, para bien o para mal. Nuestra pasión por la esférica, nos recuerda esa pasión que tuvo Cristóbal Colón al demostrar que la tierra era redonda. Y es que ese balón representa nuestro mundo, un mundo por el cual vale la pena luchar, dentro y fuera de la cancha.
Jefferson.

miércoles, mayo 27, 2009

Prosa....
Esta vez sin imágenes, sin colores llamativos y sin mensajes introductorios. Escribir es mucho más que tener una idea principal, un verbo entre ceja y ceja, un mensaje y las ganas de golpear las teclas de un computador hasta que te duelan las yemas de los dedos. Escribir puede ser terapéutico, plasmar en una pantalla en blanco nuestros pensamientos puede hacer surgir nuestra verdadera personalidad y si queremos remontarnos a la época de la pluma y el tintero, no hay sentimiento más éxotico que estrenar un kilométrico en un block amarillo de rayas azules, empezar con la ciudad donde está el escritor, colocar la fecha y que nuestra mano se deje llevar por el ritmo de las letras y las conjugaciones. Escribir es lo único que nos puede hacer meter un elefante verde de lunares amarillos dentro de nuestro cuarto, transformar al metro de Caracas en una enorme serpiente llamada Mel o convertirnos en superhéroes para salvar a la chica de nuestros sueños. Escribir es un conocimiento básico que aprendemos en preescolar, y que de quererlo así, puede transformarse en un bonito estilo de vida. Escribir es crear vida y que ésta nunca desaparezca con el paso del tiempo.
Para escribir hay que conocer el juego. Lanzar tu honor al ruedo, tratando de respetar las comas, los puntos, los acentos y las conjugaciones. Ser reconocido como alguien que va más allá de una simple carta de amor, una lista de mercado o una composición para la universidad; convertirse en escritor es desayunar al lado de García Márquez, acostarte con Isabel Allende y que Pablo Neruda te enseñe sobre el amor. Ser escritor es anotar tus vivencias, fracasos y aciertos en una pequeña libreta que se convertirá en tu mejor amiga. Ser escritor es ser solitario a la hora de trabajar y dejar que las palabras te invadan el cerebro. Así como un ingeniero ve el mundo a través de los números, parábolas y medidas, el escritor ve su entorno dividido entre escenas que leyó alguna vez y oraciones que desearía plasmar. El escritor sueña, es humilde y por sobre todo, fomenta a salir de la burbuja en la que nacemos. Mi deseo es lograr ese nivel de pensamiento, ese estado en el que una sola redacción puede cambiarlo todo.
He caído del nido, nado en un mar de signos de puntuación, semántica y mi único salvavidas es un diccionario que me regaló mi madre. Vivo de escribir, y agradezco todos los días por eso, pero el hecho de poder ejecutar lo que me gusta no me da carta blanca dentro de la sociedad. Los ojos acusadores, que muchas veces nos resultan familiares, nos atacarán con la cruda realidad de un país que se ahoga en su propia ignorancia. Como el verdugo en la guillotina, nos pedirán una y otra vez que escribamos nuestras últimas palabras, porque sobre nosotros debe caer la hoja afilada de los preestablecido y de lo mundano. En esa cesta donde podría caer nuestra cabeza, nos espera la escuela de derecho, la de medicina, la de ingenieria y el convento, porque para lo que ya está escrito no existen reediciones. Somos nosotros, la generación intermedia que creció entre el auge del internet y la renovación de la literatura, los responsables de unir nuestras vidas a ese sentido humanista que nos da el leer y el escribir algunas idioteces. Y es que, no somos robots, no vivimos conectados a una fuente de poder que descarga a nuestra mente toda la información; debemos combatir el caletreo y saber que nuestra creatividad siempre llega de alguna manera. Yo recomiendo la escritura, pero claro está, mi recomendación no está escrita en piedra.
Mi segunda familia son mis bolígrafos, mi resma de papel, mis archivos guardados en esa carpetica que se muestra en el escritorio de mi computadora, mis lentes y mi determinación de ser escritor. Aprendo de los grandes y desecho la mala saña. Con coraje, me construyo esa piel de cuero ante las críticas que puedan venir de los mejores, de los que tienen años en esto y que deben ser escuchados. Ser escritor no es flores y vino, es un trabajo duro que saca muchas lágrimas y arrecheras, pero también es el único oficio que te dice cuando estás listo y si nunca lo estarás. Ser escritor es un universo de ideas y conocimientos, ser escritor es aprender a callarme la boca, dejar de tipear y que ustedes lo descubran personalmente, para que así puedan enseñarme.
Jefferson.

jueves, mayo 21, 2009

DE COMO DAN BROWN LE PUSO SABOR A LA COSA

A todo el mundo le gusta una buena historia de conspiración. Quizás porque creemos que los poderes tradicionales no son en realidad los que nos gobiernan o porque entendemos que hay cosas que van mucho más allá del entendimiento tradicional. Sea cual sea la razón, lo enigmático nunca pasa de moda, que lo diga Dan Brown que con sus libros "El Codigo Da Vinci" y "Ángeles y Demonios" ha logrado vender más de 50 millones de copias a nivel mundial. Para los que no han leído los libros, ambos involucran a un personaje llamado Robert Langdon, un experto en símbolos religiosos que se ve atrapado entre el Santo Grial, Masones, Iluminatis, Antimateria y mucha pero mucha acción. Historias que se ven complementadas con un toque de realismo al iniciar sus páginas; un simple mensaje del autor nos pone a creer en lo increíble: "Todas las descripciones de obras de arte, edificios, documentos y rituales secretos que aparecen en esta novela son veraces".

Brown no es el primero, ni será el último, que toca estos temas. Un gran experto en explotar este tipo de historias es el periodista español J.J Benítez, con su saga de "Caballo de Troya" quebró muchas cabezas y puso a lectores a pensar si en realidad Jesucristo es en realidad como lo pintan. No conforme con tocar la religión, Benítez ha abordado el tema de los Ovnis (Objeto Volador No Identificado, por si acaso) su libro "El Misterio de la Virgen de Guadalupe" es una referencia a esto. Ambos han respaldado sus escritos con sendos mensajes de expedientes reales, de que todo lo escrito es verdadero y de que la investigación que presidió a las teclas del computador fue de miles de fuentes. Es entonces cuando nos encontramos con una vasta lista de autores de ficción que deleitan a miles de personas con universos paralelos, sociedades secretas e información que de tan solo escucharla convence al más incrédulo.

Ahora, observando leyendas y cuentos tradicionales de cada país nos encontramos que lo desconocido es lo común para contar historias. Todas las civilizaciones prehispánicas tienen sus relatos acerca de la creación, el "Popol Vuh" es muestra de eso. Los Incas tienen a El Dorado y los Mayas tienen su famoso calendario. Si nos vamos a Europa, no podemos dejar de lado las creencias Celtas, y si adelantamos un poco el tiempo, observamos que existió un sujeto llamado Nostradamus que con sus centurias, ha pegado más de un evento a lo largo de nuestra historia. Que mal que no dejó escrito los números del Kino. Los árabes tienen su Corán, que ya de por sí es un libro bastante interesante, y los Persas dejaron historias acerca de oasis secretos en el desierto, llenos de oro. ¿De dónde creen que salió la historia de Aladín y Las Mil y una Noches? Todos tenemos nuestro toque esotérico y conspirativo, inclusive la historia venezolana está llena de eso, o es que no se acuerdan del famoso tema de ¿cómo murió Bolívar en realidad? o ¿quién era en realidad Francisco de Miranda? y como olvidar las leyendas de el Negro Primero y de el indio Guaicaipuro.

Si bien es cierto que hoy en día existen algunas asociaciones que se han visto ligadas a teorías "poco convencionales" como lo son los Masones, Iluminatis, Sculls, Opus Dei, Orden Rosacruz, entre otros; es lógico asociar lo que no sabemos con lo maligno pero también con lo excitante. Mucho de lo que conocemos se basa en barreras y caminos previamente destinados. "Dios es éste por esto y esto"; "Este planeta es único en el universo porque mantiene vida"; "No, no podemos sobrepasar los límites de nuestro pensamiento". Pero cuando en realidad le echamos coco a las cosas y nos ponemos creativos, apartando conspiraciones y ritos secretos, nos encontramos que la realidad puede ser mucho más divertida. Einstein pensaba fuera de lo convencional, los que construyeron las pirámides de Egipto y México (extraterrestres o no) eran personajes que no creían en lo establecido, la lucha por los derechos civiles o la simple acción de querer ser mejores nos coloca por encima de cualquier cosa. Claro que siempre está el bendito: pero...

¿Estamos solos en realidad? ¿Los carajos que escribieron los Expedientes Secretos X, en realidad se inventaron las historias? ¿Las marcas en campos de siembra son un invento? ¿Cómo explicar lo que no conocemos? Son preguntas que dejamos de lado, pero que rondan nuestro subconsciente, que se quedan en esa parte de nuestro cerebro porque hay preguntas más importantes que responder: ¿mi familia está segura? ¿cómo hago para mantener a mis hijos? ¿mi carrera va en el camino que quiero?, incógnitas que nos dan un mejor resultado a corto plazo y nos permiten mantener los pies en tierra. Pero, pero ...

Jefferson.

viernes, mayo 08, 2009

EL EFECTO PLACEBO


"La crueldad es uno de los placeres más antiguos de la humanidad"
Friedrich Nietzsche
Haciendo zapping en la televisión en estos días, me topé con la frase que ven arriba. Me pareció muy adecuada para el programa que promociona, el mismo trata sobre unos asesinatos y los detectives encargados del caso; pero más allá del uso publicitario que le dieron los creativos del canal a la oración, ésta encierra un mensaje bastante desolador acerca de la condición humana. Muchos de nosotros sabemos quien fue Nietzsche, gran filósofo alemán que se dio cabezazos con la vida y escribió cosas asombrosas, dentro de su propia originalidad tuvo la puntería para conocer los requerimientos que sirven de materia prima para la construcción de una sociedad.
Nosotros podemos llegar a ser crueles de nacimiento, quizás por el origen barbárico de nuestra humanidad (guerras, inquisisiones y pare de contar) o quizás porque desde el vientre hasta que hacemos uso de la razón somos animales. Lo observamos cuando un niño le quita las alas a una mariposa o cuando admitimos que un grupo de infantes reunido puede llegar a ser muy crudo, en la infancia no reconocemos tabúes y tampoco sabemos de barreras para decir lo que sentimos. Ahora bien, cuando llega la época de usar nuestra materia gris la cosa se vuelve más compleja, aprendemos los recursos del respeto, la prudencia, la paciencia, la hipocresía y el pensar antes de hablar; es cuando se desarrolla un juego bastante complejo al que llamamos vida.
Si bien es cierto que dentro de nuestra historia hemos tenido notables figuras que han producido enormes beneficios a nuestra humanidad, también es muy cierto que las contrafiguras ante esta situación son cuantiosas. Para un Roosvelt había un Hitler, para un Dalai Lama había un Mao Tse Tung, para un Kennedy hay un Fidel; todos salieron de un vientre materno, ninguno era extraterrestre, contaban con familias, entonces: ¿que los hizo cambiar? ¿cómo un niño pasa de jugar en la pradera a cometer actos de extrema crueldad? Pareciera que vivieramos en dos mundos, lo que creemos conocer y lo que en realidad sucede.
Esta teoría no es nueva, muchos pensadores existencialistas y filósofos se han dedicado a la tarea de estudiarla. Es un tema fascinante, es como nacer por segunda vez, pero en esta ocasión lo hacemos a conciencia. Salimos a la calle conociendo que las cosas pueden salir tan bien como las trabajemos, pero que no será fácil, que tendremos que sortear obstáculos y muchas veces derrotas. Vivimos en un burbuja que mantenemos y que no queremos que se rompa, como "gente normal" creemos que nuestro valores y creencias aprendidas de hogar son suficientes para tener éxito. Pero que pasa cuando llegamos a un límite, cuando ya la situación entra en plano desconocido, cuando nos encontramos en un territorio inexplorado; el juego es otro y volvemos a los instintos primitivos donde siempre el vencedor será el que más fuerza tenga o pretenda tener. Los vemos en épocas de guerra, muchos soldados cometen actos de extrema violencia en contra de sus prisioneros, algunos ejemplos son los soldados norteamericanos jugando "tan sútilmente" con capturados afganos o iraquíes. Tropas israelíes que no diferenciaron entre mujeres, niños y un rebelde con una bazuca. Supuestas tropas liberadoras de Colombia, que bajo el nombre de terror FARC, han actuado en contra de campesinos y compatriotas, que se convirtieron en blancos. Lo vemos en nuestro país, cuando para robarte, te matan primero y luego revisan a ver que tenías. La vida se vuelve una posesión que no tiene valor.
Nos damos cuenta que la línea entre el bien y el mal es algo producido en un estudio de Hollywood. Que en realidad vivimos en un mundo bastante cruel y que nuestra felicidad es tan frágil que muchas veces puede ser ilusoria. Pero lejos de ser fatalista, pienso que esto es un conocimiento que se adquiere a lo largo de nuestra vida, comprendemos que esta situación crea un equilibrio necesario para no volvernos locos. O es que acaso se imaginan un mundo donde todos cantemos como Teletubbies o como Barney y vivamos "Felices para siempre". Del fango puede nacer una flor. Europa se recuperó de dos guerras, España sufrió la peor guerra civil de la historia y se levantó, nuestros países tienen un largo historial de recuperarse de eventos que nos han colocado por el suelo, a pesar de todo sabemos que es posible reconstruir el castillo. Que de una vida perdida, puede nacer la chispa de el progreso. Triste pero cierto, nuestra felicidad está ligada a nuestra capacidad para levantarnos en momentos opresivos. Dejemos entonces de ser llevado por el efecto Placebo y conozcamos la cara verdadera de nuestro mundo.
Jefferson Díaz.

jueves, abril 30, 2009

CRISIS


Recientemente tuve mi primer encuentro con la crisis. No, no vivo en una cueva, ni tampoco estaba preso, más allá de las noticias que leo en la prensa y que veo en la televisión, decidí que no me iba a dar mala vida por una situación que escapa de nuestras manos. Primero fue la crisis económica, miles y miles de millones perdidos porque a algún genio de Wall Street se le ocurrió vender un bono o una acción que no debía; ahora a una escala global la taza de desempleo ha aumentado y muchos se están comiendo un cable. Después, como si ya no fuera suficiente, un campesino de Mexico tuvo la mala suerte de encariñarse mucho con su cerdito y ahora tenemos encima una posible pandemia mundial con la Gripe Porcina.
¿Por qué digo que mi encuentro con la crisis fue reciente? bueno pues, porque en el Metro caraqueño pude observar a dos personas muy bien atraviadas con sendos tapabocas. Si bien es cierto que el miedo es libre, no dejo de pensar en las consecuencias que podría tener una paranoia colectiva. A nuestras sociedades caribeñas, muy maltratadas por gobiernos ineficientes y por nuestra propia falta de responsabilidad a la hora de asumir situaciones serias, no nos resulta conveniente que desde miles de kilómetros una Organización Mundial de la Salud anuncie: que ha decidido aumentar el nivel de emergencia sanitaria en todo el planeta a cinco. Si ya de por si cuando en Venezuela escuchamos que la leche no va a llegar dentro de una semana, nos apuramos al mercado más cercano y nos llevamos paquetes industriales del producto porque: "uno nunca sabe lo que podría pasar". Que podría pasar entonces con una gripe asesina.
¿Es nuestra culpa esta nueva enfermedad? Quizás no, pero quizás sí. Como todo en la Medicina las posibilidades de determinar la creación de un nuevo virus pasan por la cantidad de pruebas y experimentos que se realicen; pero mientras tanto ya tenemos a más de 150 personas que murieron y nunca se enteraron porque una simple gripe les ocasionó un paro respiratorio. Lo sé, lo sé, estoy siendo fatalista, pero es que acaso: ¿no todas las emergencias son iguales? o es que aún no entendemos que lo desconocido nos resulta realmente aterrador. Cuando observé a esas dos personas en el Metro de Caracas con sus tapabocas, reafirmé que la crisis mundial ha llegado a nuestro país. No queríamos aceptar que ya desde hace varios años (antes del gran crash de la Bolsa de Valores gringa) nos estamos reventando los sesos tratando de pasar entre quincena y quincena, de que nuestro mercadito nos dure un mes y de que las cuentas, sobretodo la de televisión por cable para no tener que escuchar al misifus, se paguen. No aceptabamos eso, pero si aceptamos que nuestras medidas sanitarias son una broma y que de un momento a otro esta enfermedad podría estar tocando nuestra puerta.
No se los niego, en realidad me da un poco de pánico ahora cada vez que estornudo o alguien estornuda cerca de mí. Me molesta que hemos caido dentro de la histeria colectiva que nos introduce en una espiral de desconcierto y dudas. ¿Será que la tengo? ¿Con qué se me cura? ¿Salgo o no de mi casa? sonarán un poco paranoicas estas preguntas, pero es que acaso el ser humano no es así. Lo vemos cuando cada día nos enteramos de una nueva muerte por la violencia en nuestras calles, y es allí cuando decidimos persinarnos y encomendarnos ante nuestro dios para que nos cuide, porque ya la policía no puede. Eso sí es una crisis, o cuando vamos al mercado y mentamos madres porque todo cada día está más caro y caemos derrotados ante la cajera que nos dice que 15 artícuos equivalen a BsF 300. ¡Cuánto horror! Es mentira entonces que por ponernos un tapaboca ya estamos seguros, porque la crisis ya llegó aquí hace años solo que en vez de un tapabocas teníamos puesto una venda.
Últimamente he escuchado mucho la siguiente frase: "antes de amanecer siempre es el momento más oscuro" (perdonen si no es exacta pero creo que el mensaje se entiende) ojála y esto sea cierto. Después de todo no es la primera vez que esto sucede, antes tuvimos a la Gripe Aviar y mucho antes tuvimos al Sida, pero vencimos nuestra ignorancia y logramos salir adelante ante todas las barreras. Falta ahora que nos montemos en el tren de la conciencia y logremos levantar nuestras economias, salvemos a los enfermos y que recapacitemos ante la idea de que todo esta perdido. Mientras un gobierno quita ambulatorios a la maldita sea, de manos de quienes quieren echarle pichon a la cosa; necesitamos entender que hay alternativas para luchar con nuestras crisis locales. Seamos los voceros comunales, protegamos a nuestros semejantes y ante todo no dejemos que la falta de información nos derrote. Entonces para que cuando este a punto de llegar ese amanecer que tanto esperamos, podamos contar con las herramientas necesarias para vencer a los cerdos que tanto fastidio nos están ocasionando.
Jefferson Díaz.

miércoles, abril 08, 2009

Las Exequias de un Demócrata


¡Syc Semper Tyrannis! se escuchó por toda la sala. Luego un sonido seco, similar al que hacen las botellas de champán cuando son descorchadas, llenó a todos los presentes en el teatro Ford de un miedo indescriptible. John Wilkes Booth acababa de asesinar al Presidente Abraham Lincoln y dejaba a una nación, sumida en la posguerra, sin su hijo pródigo. Ciento cuarenta y cuatro años han pasado de aquél evento y todavía perdura en la sociedad estadounidense las memorias de un hombre que se dedicó a buscar la unión en una nación que estaba viciada por luchas raciales y de poder. Venezuela tiene sus memorias, tiene a sus héroes y tiene sus referencias históricas que nos hacen creer en la demócracia. Como podríamos olvidar los pensamiento de Bolívar, las enseñanzas de Andrés Bello, los viajes de Francisco de Miranda, el coraje de José Antonio Paéz y la determinación de José Felix Ribas. Personajes que nos inculcan desde bachillerato y que determinan nuestra memoria histórica.
Ahora con la llegada de los nuevos tiempos, dentro de la sociedad venezolana hemos observado un cambio radical en la manera de percibir nuestra historia. Los héroes de siempre como Bolívar o Miranda continúan en el espectro venezolano, pero ahora hemos incorporado algunos que no son tan criollos como: el Che Guevara, Mao Tse Tung, Marx, Lennin y pare de contar; que si bien fueron figuras determinantes a nivel mundial, no se apegan al desarrollo de nuestra nación. Uno de los más grandes logros que tuvo este país fue la determinación de querer vivir en demócracia. Debido a esto mucha sangre corrió por la calles venezolanas, miles de nuestros compatriotas a lo largo de nuestra historia se dedicaron a establecer por estas latitudes caribeñas los preceptos de igualdad, fraternidad y libertad. Palabras que hoy en día han perdido valor en una sociedad que se queda muda y sin hacer nada, ante poderes públicos que poco a poco nos roban nuestra identidad. Estamos perdiendo uno de los valores más preciados por toda sociedad demócratica: el voto.
Cuando observo que una Asamblea Nacional, plagada de personeros gobierneros, mediocres y sin un horizonte progresista, aprueba una Ley de Descentralización que nos roba en nuestras propias narices el derecho a elegir nuestros gobernantes, siento que el mundo en verdad se puso al revés. Venezuela se ha convertido en un reino, donde una sola casta de gobernantes determina los que "es mejor" para nosotros. No pasará mucho tiempo antes de que volvamos a la distribución de feudos, donde los señores seguirán como ovejas al gran mandamás. No hace poco me negaba a creer que algunas cosas pasarían, pero al final pasaron; ¿será que ese sentido histórico de proteger nuestra demócracia lo perdimos entre tanto ipod, laptop y viajes al primer mundo? Aquellos sueños que teníamos de ver a nuestro país montado en el tren del desarrollo, los dejamos en la aduana de algún otro país. ¿Se puede culpar esta actitud? Claro que no, reprochar la huída de un barco que se hunde es recriminar nuestro derecho natural de vivir en libertad.
Cada vez que veo una película donde el héroe siempre gana y el mal nunca tiene un lugar en la sociedad (muy al estilo de Hollywood) me pregunto si en realidad eso es posible en la vida real. Grandes luchadores sociales como Martin Luther King Jr, Malcom X, Ghandi y coloquen ustedes sus propios ejemplos, han sufrido ataques terribles y muertes dolorosas. Su sacrificio ha asentado precedentes para vivir en libertad, pero: ¿a qué precio? ¿Lograremos encontrar ese tipo de determinación aquí?, hasta ahora esa luz no se ve en el horizonte. Siempre es más fácil huir y no hacer nada, dejarnos llevar hasta los límites y a partir de allí abrirnos paso a machetazos, mientras tratamos de encontrar el camino. Mientras tanto esperamos quien será el nuevo amo y señor de Caracas.
Estamos en las exequias de la demócracia venezolana, porque desde que permitimos que nos roben nuestro voto, dejamos de vivir en libertad para dejarnos llevar por el río de la resignación. Cuando te dicen que comer, a quién obedecer, que comprar y en que gastar tu dinero; está claro de que ya no estás en libertad. Pero recuerda, recuerdalo siempre, nunca un sistema de gobierno se ha podido mantener a punta de arrecherias y malacrianzas, acuerdate que Venezuela no es Cuba y nunca lo será, acuerdate que si ponemos un 10% de nuestra determinación los venezolanos somos capaces de cualquier cosa. Acuerdate que está es la tierra de Bolívar, de Páez y sus lanceros, de Miranda y su valentía, de Sucre y su determinación; coño somos la tierra de la mejor Orquesta Sinfónica Juvenil del mundo, de Gallegos, de Uslar Pietri, de Reverón, de Cruz Diez y de Villanueva. Tenemos talento, y no podemos permitir que eso se deje perder.
Jeffferson Díaz.

lunes, marzo 23, 2009

TÍTULO DE CAJITA


Me disculpo por pasar más de un mes sin actualizar este espacio. Después de pasar todo el día sentado frente a una computadora tecleando, a lo que llegas a casa no te quedan ganas de ver ningún ordenador. Pero el tema que describiré a continuación amerita apartar un poco de tiempo hogareño para compartir algunas ideas con ustedes; desde hace varios días he venido leyendo en la prensa las ganas que tiene la Asamblea Nacional (AN) venezolana de reformar la Ley de Ejercicio del Periodismo que existe en el país, y es que como ahora está de moda la descentralización, el oficio de informar no puede quedar fuera de los planes gubernamentales. Ahora con la llamada comunicación socialista , medios comunales y hasta panfletos informativos, que en algunos lugares denominan periódicos comunitarios, el gobierno quiere impulsar una reforma a la mencionada ley para incluir estas nuevas tendencias que rondan en el ambiente desde hace largo rato.
No es que no crea en la democratización de los medios, quizás es un poco ingenuo de mi parte creer que las grandes compañías de comunicaciones se levantarán un día y decidirán hacer periodismo ciudadano, pero en lo que si no estoy de acuerdo es en la desprofesionalización que se quiere hacer con la Comunicación Social. Todos sabemos lo difícil que es sacar una carrera en este país, los estudios de tercer nivel requieren de un esfuerzo que involucra horas invertidas en estudio, dinero gastado en libros y largas arrecheras debatiendo con profesores y compañeros de clase para que los proyectos universitarios salgan de la manera correcta. Es por eso que a la hora de recibir nuestro diploma que certifica nuestro logro, nos sentimos satisfechos del trabajo realizado, más aún si la profesión que elegimos es la que nos gusta. Pero si después me dicen que una persona que no tiene nada que ver con la comunicación esté a la par de el trabajo que yo realizo, es una verdadera bofetada hacia el gremio.
Si bien es cierto que el Colegio Nacional de Periodistas (CNP) y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (Sntp) tienen su gran rabo de paja en como se ha llevado el periodismo en Venezuela, eso no quiere decir que vas a pasar por encima de un conglomerado de profesionales de la comunicación que están tratando de regular el ejercicio de este trabajo hoy en día. Voceros de la Comisión de Ciencia, Tecnología y Comunicación Social de la AN, han indicado que la reforma a la Ley de Periodismo no está en la agenda legislativa de este año, pero que es un tema pendiente por discutir, debido al cambio de realidad que han sufrido los medios de comunicación venezolanos. Radios comunitarias, páginas web informativas, semanarios comunales y blogs ciudadanos, son algunos de los ejemplos comunicacionales que han invadido el terreno periódistico del país, situación que no es mala pero que sin control puede desvirtuar el verdadero objetivo del periodismo. Sería como tener a mil generales pero sin soldados en una guerra.
La nueva gestión del CNP, lo sé por referencias cercanas, se ha dedicado en los últimos meses a darle un vuelco a ese organismo hacia las nuevas tendencias mundiales. También procuran rescatar el sentimiento gremial que debería existir en cada profesión. A un individuo se le hace más difícil cambiar las cosas, pero a un conjunto de personas trabajando por un mismo objetivo, los obstáculos les resultan más llevaderos. Nadie es monedita de oro para caerle bien a todos, eso todo el mundo lo sabe, pero perder una institución que para bien o para mal viene funcionando desde hace más de 40 años, es una soberana irresponsabilidad. Para cambiar no es necesario destruir lo viejo, en una época tan al día como ésta, las renovaciones son posibles. Es por eso que la creación de un Consejo Nacional de Comunicadoras y Comunicadores Socialistas, hay que observarla con recelo y con mucha prudencia.
La alta polarización política de Venezuela no ha dejado espacios libres. Escuelas, universidades, compañías, hogares y hasta en el botiquín de mala muerte de la Baralt se han inmerso en debates ideológicos, claro, algunos con mayor relevancia que otros. El punto es, que no debemos permitir que una actividad tan importante como la de informar a nuestra sociedad, se vea manchada por el favoritismo hacia alguna tendencia, el palangrismo y peor aún, la falta de fuentes verdaderas. Si bien yo no tengo décadas de experiencia, me gustaría creer que las nuevas generaciones de periodistas podemos empezar con buen pie; respentando las instituciones que han servido de referencia y control para el periodismo venezolano. Llamar socialista, comunista, capitalista o como lo quieras llamar a una organización que debe velar por que la información se lleve de manera correcta, es caer en un error de segregación hacia la persona que no comparte ese término. Somo más de 26 millones de venezolanos, y no todos están conformes con el proyecto que lleva desde hace diez años el gobierno nacional.
"Del dicho al hecho, hay mucho trecho". Popular refrán que encierra mucho de lo que digo aquí, no es mi intención ser la Madre Teresa de Calcuta o el redentor de los Comunicadores, y pienso que dar charlas de moral a los colegas es una gran insolencia; pero piénsenlo, piensen que si nos dormimos en los laureles dentro de poco nuestros diplomas tan solo serán el recuerdito que venga dentro de una cajita de cereales. Esto debido a que nuestra profesionalización no valdrá nada ante una persona que sienta "las ansías" de decir la verdad. Su verdad.
Jefferson Díaz.

lunes, febrero 16, 2009

CLASIFICADO
Apaga el televisor y se levanta del sillón, una hora de noticias lo ha dejado pensando en sus acciones. En esas decisiones que tomó cuando estaba al tope de su éxito. Derrotado se arrastra hasta el estudio, allí, prende dos luces que nunca llegaron a iluminar un cuarto por completo y que ahora se conforman con rellenar los espacios oscuros de un viejo escritorio. Se sienta frente al mueble en una de esas sillas giratorias que tanto le gustan, y que le hacen sentir al mundo cuando gira; destapa su máquina de escribir y saca algunas hojas de papel, tamaño carta por supuesto, porque ese es el tamaño necesario para todo lo que él quiere contar, ese espacio le permite desarrollar sus ideas. Se revisa los bolsillos del sueter, buscando los lentes que le permitan ver las teclas, esos pequeños vidrios útiles que le han ayudado desde hace 25 años ha mejorar su visión de las cosas. Cuando se los pone se molesta y piensa que hubieran sido de mayor ayuda cuando llegó el momento de entregar un país.
Teclea deprisa, teclea sin pensar, vacía sus emociones dentro de una hoja. No se preocupa por haber dejado la estufa encendida con un café que ya empieza a transformarse en neblina, quiere escapar de ese cuerpo de 80 años que le ha robado sus años mozos, quiere encontrarse en una nueva vida vendiendo empanadas en una playa y sin haber participado nunca en la política. Recuerda con desprecio como comentaristas, analistas y conductores de programas de opinión, hablan de él, como si fuera el que desencadeno el apocalipsis. ¿Por qué? ¿Por qué, maldición? se pregunta constantemente, sin dejar de lamentar que ahora sus pensamientos de firmeza lo han abandonado, dejando tan solo a un saco de huesos reflexivo y que empieza a arrepentirse de las decisiones que tomó. "Nunca debemos arrepentirnos de nada, la política es un juego de decisiones certeras que cambian el destino de las cosas, para bien o para mal", decía siempre. Que estúpido era, jugando a ser sabio, cuando la sabiduría nunca estuvo de su lado.
Quiere crear, quiere evolucionar, convertirse en un ave capaz de pasar cualquier barrera; volando hasta los picos más altos donde los espirítus de la naturaleza hacen poderoso hasta el ser más insignificante. Mientras tanto la casa se llena de un olor tostado, ese café turco que se está desperdiciando en la cocina le emite gritos de ayuda para que no lo deje morir. Lo ignora, a veces desea que la muerte llegue rápido, por eso hace maniobras concientes que convierten cualquier acción hogareña en un potencial accidente. Dejar el gas abierto, cocinar hasta que las ollas se cubran de un ollín espeso e inpenetrable, dejar la casa abierta para que algún viejo enemigo se reencuentre con él y bailen en un último round de muerte. Sigue tecleando, no sabe que dicen las oraciones que plasma en la hoja, no entiende las ideas y tampoco el contexto, tan solo quiere que los dedos y la mente se le duerman, que se llenen de ese hormigueo vacío que invade a los musculos cuando están cansados o a punto de atrofiarse. Solo de esa manera podrá dormir esta noche, sin tener que ver atrás y observar como durante su gobierno vendió a una nación, la dejo desprotegida para que se marchitara. Un leve pito irrumpe en el claroscuro de su estudio, es la alarma de incendio que le recuerda la cafeína que dejo abandonada en la cocina.
Al escuchar este sonido recuerda que la muerte no llegará temprano, él deberá pagar en vida lo que hizo y ese sonido que rasga sus oídos, será lo último que escuche en la cama de un hospital. Abandonado, solo y con manchones negros de conciencia, escuchará como el monitor de vida se ira extinguiendo lentamente. Un zorro viejo de la política tiene dos maneras de ser recordado: en gloria o en derrota, él desearía que fuera lo primero, pero sabe que ese premio hace tiempo que se escapó de sus manos. ¿Qué salió mal? ¿Era muy joven? o quizás ¿muy vanidoso?, no lo sabe y honestamente no desea averiguarlo, pero lo que sí puede asegurar es que no escuchó consejos. Fue egoísta y se rodeó de gente que lo único que querían eran engordar sus carteras, personas que ahora estarán muertas o algunas viviendo a las riveras del lago Como en Italia; asegurándose campos santos de oro a costa de las ganacias que les dejo su manejo del oro negro. Está cansado, las yemas de sus dedos asoman nacientes ampollas, y la neblina de café que cubre la casa lo despierta al fin de su largo trance. Saca la hoja del riel, la lee y sin prestar sentido a lo escrito, arruga el papel y lo bota a un cesto que está en una esquina del cuarto, inmóvil y desbordado de sus desahogos nocturnos. Apaga las dos luces y camina a la cocina, observa los vestigios de lo que era una bebida relajante y baja el fuego. Se arrastra de nuevo al sillón, prende la televisión y busca reconfortarse con un pensamiento: "Pensarán los mismo de mí en programas internacionales".
Jefferson Díaz.

lunes, febrero 02, 2009

EPÍSTOLA
Sr. Presidente,
mi historia comienza en 1977, cuando llegué a Caracas después de un viaje de 4 días por carretera desde Quito. Mi madre ya llevaba dos años viviendo en Venezuela, ahorrando para mandar a buscarme una vez que las cosas se estabilizaran. Por aquella época, Venezuela se pintaba como una tierra de progreso, de trabajo bien remunerado y de una solidez democrática que era envidiada por muchas naciones. Cuando me bajé del autobús y observe a esta ciudad campante, prospera y pujante, sentí que una nube que abrumaba todos mis sentidos me envolvía de pies a cabeza, pero al mismo tiempo me ofrecia unas ganas locas de conocer este Caribe escondido entre la selva. Tenía nueve años.
Mi madre y yo nos establecimos en un pequeño cuarto ubicado en la parroquia El Cementerio. No era mucho y a pesar de tener nuestras necesidades, lograbamos vivir sin penurias agobiantes. Comencé a estudiar en el liceo Juan Pablo Segundo que estaba en El Valle. Siempre recordaré ese primer día. Nunca es fácil para un niño enfrentarse a nuevos retos, y es más difícil aún para un extranjero. Pero el panorama no fue tan horripilante, y es que las caras que me rodeaban, algunas para darme la bienvenida y otras para ignorarme, me demostraban que el mestizaje en su máxima expresión se presentaba en aquel salón de clases. Mi primer novio fue un chico muy lindo de ascendencia portuguesa, que pasó una semana brindandome helados y llevandome al cine para que le diera un beso. Mi primer trabajo fue en una tienda que vendía telas, ubicada en Parque Central. Su dueño, un Libanés que llevaba 11 años en el país, era de muy pocas palabras pero con un gran sentido de compañerismo, nos llevaba todos los viernes "kibbeh", un plato que preparaba su esposa y que le quedaban riquisimos. Una vez terminado mi bachillerato fue tiempo de ir a la Universidad, me decidí convertirme en Abogado porque pensaba que así podía retribuir algo al país que me había recibido y adoptado como suya.
Mi primer trabajo en un bufete, fue como secretaria. Un Canario bonachón y con unos aires que lo hacían parecer al Padre Tiempo, me ofreció la oportunidad. No era mucha la paga, pero me daba para pagar mi educación y colaborar en la casa. Mis compañeros de carrera lo hacían más fácil, nuestro grupo se conformaba por varios del oriente del país, uno de Margarita, dos andinos y hasta un chino muy simpático que termino convirtiéndose en uno de nuestros mejores amigos. Por esas épocas, próximas a mi graduación señor Presidente, lo conocí. Prendí el televisor y pude observar como unas grandes tanquetas tomaban algunas calles de la ciudad, y se nos informaba de un golpe de estado en proceso. Fueron momentos de verdadero pánico y angustia, no podíamos creer que volvieramos a pasar por esta situación, después del Caracazo la ciudad que tanto quería me había cambiado de cara. Usted era un hombre joven, vigorozo y conocedor de que que eramos una población que buscaba un cambio. Usted se ganó a una sociedad venezolana que por mucho tiempo no terminaba de asimilar su frase lapidaria: "por ahora".
Después de más de quince años de graduada y con dos hijos nacidos en esta tierra, puedo confirmar que este país esta pintado de varios colores. Lamentablemente esas tonalidades se han manchado de política, sangre, conspiraciones, imperialimos y los más preocupante de antisemitismo. ¿Dónde aprendió su discurso separatista señor Presidente?, fue quizás en ese frío calabozo donde acumuló sus resentimientos leyendo a Marx, Lenin y Bolívar. O de repente es que usted es una fachada, y su mensaje es netamente una condición ególatra que le ha quedado depués de diez años en el poder. ¿Quiere un nuevo Apartheid señor Presidente?, usted que es un gran lector, acaso no conoce las experiencias de Rwanda, Suráfrica, Sudán y la que todavía no nos deja dormir, Alemania. Naciones que vieron sus tradiciones, patriotismos y riquezas manchadas por la sangre que derramaron personas inocentes a causa de guerras basadas en la intolerancia. Señor Presidente, ¿qué hubiera pasado si por golpista, los venezolanos lo hubieramos rechazado?, lo hubieramos tildado de confrontador, egoísta y cobarde. De no querer medirse con palabras sino con balas, qué hubiera pasado señor Presidente, pues usted no estaría en donde está hoy en día. Entonces, ¿es tan difícil ofrecer oportunidades a los demás?.
Veo con horror los mensajes agresivos que se repiten en zonas de mi ciudad, que antes promovían la diversidad cultural. Observo con el corazón en la mano, como unas personas se reunen frente a su centro de culto para llorar la profanación de su fe. Me niego a creer que lo que antes era una bandera de libertades, ahora sea promovida por fanáticos que no saben en realidad lo que el mensaje de su religión representa. Me preocupo por el futuro de mi familia, y de admitir con profunda tristeza que no los expondré a una lucha por un país que ya no les pertenece. Señor Presidente su discurso, sus acciones, sus manías y sus arrebatos son señales de separación, y es horrible que piense en terminos de: "los que están conmigo y los que no". Señor Presidente, con mucho respeto le digo que usted no es venezolano, un verdadero venezolano no promueve la separación y mucho menos el racismo. Que lástima señor Presidente, que tenga que conformarse con el miedo, en vez de preocuparse por obtener el respeto.
Nosotros no seremos verdugos, el tiempo será su peor enemigo. Tan solo espero que todo lo malo, no se lo cobren en cuotas muy caras.
Sinceramente,
Esmeralda Delgado.
(Ahora, cuéntame, dentro de tu familia: ¿cuál es tu historia inmigrante? Sos descendiente de los indios Caribes, o como la mayoría de nosotros, disfrutas de las mieles de la tolerancia y el mestizaje. Jefferson Díaz)

jueves, enero 22, 2009

LO QUE SE VIENE (Mejorado)


¡Al fin llegó el día! Barack Obama fue juramentado ante dos millones de personas como el nuevo presidente de los Estados Unidos. Lo que hace 50 años se creía imposible en un país que apenas despertaba a sus derechos civiles, se logró. El coloso norteamericano tiene un jefe de estado afroamericano y este lo recibe con los brazos bien abiertos. Tan solo 17 minutos duró el discurso inaugural de Obama, esto fue suficiente para resumir ocho años de recesos, ocho años de tiempo perdido y de posiciones cedidas. Bastó con 17 minutos para que el hombre que viene con la palabra "CAMBIO" tatuada en la frente, llenará a tanque lleno las esperanzas de todos los seres que lo observaban en el mundo. Porque Obama no es tan solo el presidente de Estados Unidos, no, es un líder que recibe una carga global enorme. Como se indicó en un artículo que salío publicado en el diario El País de España hace dos meses: "Obama viene a llenar ese vacio mundial que ha dejado un gobierno bélico y unilateral, como lo fue el de George W. Bush". Así que dentro de este contexto, yo me pregunto: ¿Cómo queda Venezuela?

Nuestro flamante presidente no perdió el tiempo en arremetar contra "el negro", como lo llama cariñosamente, tildándolo de amnésico y, como no, de imperialista. Y es que el intercambio informativo ya empezó, y el primer golpe vino desde el país de Mickey Mouse, donde en una entrevista ofrecida por Obama se conoció una pequeña parte de su análisis hacia nuestro país: "No permiten el avance de la región". En pocas palabras somos unos trouble makers o jodedores de primera, que no dejamos de seguir con la misma cantaleta de socialismo del siglo XXI. Claro está que si Venezuela no tuviera una cancillería tan belicosa y terca, se podría haber captado la segunda parte del mensaje en donde Obama complementaba su respuesta con un: "pero estamos dispuestos a entablar un diálogo". Menudeces que el señor Maduro deja pasar. No me quiero imaginar por cuanto tiempo esos Metrobuses andaban sin cambiarles el aceite.

Es de conocimiento público que los primero puntos en la agenda de Obama no incluyen el tema Latinoamericano. Primero se debe salir de una crisis económica y al mismo tiempo lidiar con el aumento de la violencia en el Medio Oriente. Al agregarle dos guerras (Irak y Afghanistan)se convierten en temas que le quitan el sueño a cualquiera; es por eso que la responsabilidad de tener un espectro más amplío del mundo le toca a la flamante nueva secretaria de estado: Hillary Clinton. Mujer curtida por la experiencia, como primera dama y después como senadora por el estado de New York, dirigió la comisión de relaciones exteriores del senado y estuvo muy atenta ante las decisiones que tomó su esposo, Bill Clinton, en materia internacional cuando estuvo al poder. Bill, a pesar de tener una Operación Zorro del Desierto en su historial político, es un estratega muy diligente a la hora de hablar con jefes de estado y convencerlos. Es de esperar que su esposa adquiriera esa misma habilidad y la perfeccionara.

Para los gringos mirar a la parte baja del continente siempre ha requerido de una torcida de brazo. Como cuando comprobaron que había misiles nucleares en una isla o como cuando un dictador, ex agente de la CIA, decidió hacer de las suyas en un país centroamericano. Se tienen que llegar a los extremos para que se vea algo de acción contundente, mientras tanto ellos siguen perdidos entre dunas y camellos. No recuerdan que la minoría más grande de su país es de Latinoamericanos, que alrededor del 25% de su materia prima viene de esta parte del mundo y que el hecho de no pronunciarse ante cualquier irregularidad, porque el gobierno es "panita mío" al darme petróleo, les ha ganado mucho odio. Obama ha prometido trabajar de lleno con los países pobres, ofreciendo ayuda para que "sus granjas prosperen, sus aguas corran limpias y su económia crezca", bueno pues este es el momento. Al ser el líder que llega con el mayor índice de popularidad a la Casa Blanca: 75 % de aprobación, tiene un gran chance de convertirse en uno de los mejores propulsores del desarrollo en el planeta.

Mientras tanto Venezuela se estanca, y por primera vez en mucho tiempo concuerdo con algo que dijo nuestro presidente el pasado martes: "no se hagan muchas ilusiones con la nueva gestión de Estados Unidos". Sí Chavez, coincido contigo, pero debo agregar algo para no dejar de lado el tono positivo de la situación: "no nos hagamos muchas ilusiones a CORTO PLAZO con el gobierno norteamericano. Después de todo en cuatro años pueden pasar muchas cosas". Creo que la Cancillería venezolana desde este momento pondrá una gran luz amarilla de precaución sobre sus cabezas. Hemos podido observar el fervor que ha despertado Obama en las naciones Latinoamericanas y dudo mucho que esos gobiernos se dejen llevar por la línea de pensamiento "imperialista" que profesa el inquilino de Miraflores. Desde el Caribe hasta la Patagonia todos están ansiosos por tomarse un cafecito con el negro y discutir un futuro mejor para sus naciones con el apoyo norteamericano, y aunque estamos en todo nuestro derecho de no depender de los yankees, resulta muy interesante saber que es lo que tiene que decir Obama.

Espero que Chavez ponga sus barbas en remojo y observe el panorama con cautela, porque hasta Cuba en las últimas semanas se ha acercado a países que muy recientemente no se han puesto del lado Bolivariano-Chavezoide. Esta isla anclada en el pasado, y ahora comandada por el métodico y cauteloso Raúl Castro, desea salir de su letargo y lograr que su embargo sea levantado. Hay que agregar que la torpeza con la que se manejo todo el asunto Israelí-Palestino por parte del gobierno venezolano, ha dejado grandes estelas de desaprobación a nivel internacional, se dice que la visita de la presidenta argentina Cristina Kichner a suelo venezolano fue para limar asperezas entre la comunidad judía y el presidente Chavez. Pelearse con una población que posee grandes inversiones en nuestro país no es nada sabio.

Precaución y más precaución es lo que debería venir por parte de la Cancillería criolla. Entablar un nuevo capitulo en las relaciones Estados Unidos-Venezuela sería algo bastante diferente a lo que predica nuestro presidente. Hagamos entonces caso a lo que dijo Obama y estemos dispuestos a aceptar su mano, pero con la condición de abrir el puño de la terquedad. Y es que con las señales de esperanza que ahora emanan de la Casa Blanca, resulta muy difícil no salir contagiado. Tan solo espero que esto no sea un nuevo Titanic y el pobre negrito se hunda por un iceberg económico-social.

¡Let´s go Obama. You can do it!

Jefferson Díaz.

sábado, enero 10, 2009

ESTRATEGIA

Después de unas merecidas vacaciones volvemos por estos lares. Había olvidado las teclas de mi computadora (terrible acción para alguien que se gana la vida escribiendo) que ahora vuelvo a coger el ritmo de mis palabras y de mis ideas para no dejar a un lado este espacio de pluralidad. Comenzamos mal el 2009 y como diría una canción de Estopa: "que mal repartido el mundo desde el primer mes de enero", tenemos dos noticias que han marcado pauta en Venezuela y en el mundo. Localmente se nos acerca una enmienda sin invitación. La muy descarada está de arrocera en este intento de fiesta democrática que tratamos de llevar todos los venezolanos, y por eso es nuestro trabajo echarla de una manera elegante pero contundente. A esto se agrega el incremento de la violencia en la franja de Gaza, por tratarse de uno de los conflictos bélicos de mayor duración en la historia moderna, cada vez que nos llegan noticias de esos lares solemos tener retorcijones estomacales a nivel mundial. Es por eso que antes de meterme de lleno en lo que será un nuevo proceso electoral en nuestro país, aquí van algunas observaciones acerca de dicho conflicto.
Como persona occidental no tengo la conciencia histórica para tener una visión que me salga desde las entrañas hacia esta situación. Así que mis opiniones salen desde este rincón de Caracas en donde me he sentado algunas horas para leer que es lo que pasa entre Israel y Palestina. Más allá de la historia y de cuando las Naciones Unidas decidieron pactar una repartición de tierras por allá en los años cuarenta entre los protagonistas de esa tierra. Existen dos preguntas fundamentales. Primero: ¿por qué el conflicto? y segundo: ¿cómo hacer para resolverlo?. A la primera de estas interrogantes hay muchas respuestas, algunas correctas otras no tanto. Se sabe que lo que hoy es Palestina e Israel era un territorio ocupado por diferentes potencias europeas hace ya más de 60 años, y que cuando estas decidieron retirarse acudieron a la ONU para que sirviera de mediador entre árabes y judíos para así lograr que ambas partes se sintieran conformes. Y es que en la sub trama de esta historia, estos dos pueblos se han peleado esta tierra desde tiempos antiguos. Al tratarse de un territorio santo para tres de las mayores religiones de nuestro planeta, no es difícil imaginarse que surja algún problema.
Por un lado los judíos dicen que esa es la tierra prometida y que es su derecho divino vivir allí, mientras que los árabes reclaman su derecho histórico al indicar que ellos estaban allí primero. Y mientras esto sucede un millón y medio de palestinos sufre los estallidos de una operación llamada Plomo Fundido y que es dirigida por Israel para destruir al Hamas. Máximo grupo opositor en Gaza del estado judío. Pero es que la cosa ha sido de lado y lado, el gobierno de Israel hace un par de años retiró todos los asentamientos de sus habitantes en la frontera con Gaza como acto de buena fé ante el gobierno naciente de Palestina. Esta medida buscaba que las autoridades árabes ejercieran presión sobre los grupos Hamas y Hizbula y se llegara a un cese al fuego donde estas facciones dejaran de disparar sus misiles de corto alcance hacia suelo isaraelí, además de parar los atentados terroristas en Jerusalen y Tel Aviv. Obviamente esta medida no funcionó. La situación en Gaza se volvió incontrolable cuando el Hamas adquirió mayores seguidores y poder político en conjunto con mejor armamento que le llegaba gracias al contrabando que existe en la frontera con Egipto. También hay que sumar algunos grupos políticos y naciones dentro del Medio Oriente que han caído en dualidades declarando que Israel no debería existir.
Como verán todo se resume a un problema de intolerancia que se ha convertido en un ciclo vicioso. Primero fueron las Cruzadas, después las guerras tribales y ahora esto; ese pedazo de tierra incrustado entre el mar Mediterráneo e Israel ha dado mucha lata. Ahora bien, ¿qué se ha hecho?, esta es una pregunta que se debe responder sin tomar lados. Todos sabemos que de ambos bandos ha corrido sangre y que se han derramado muchas lágrimas, pero hay que sentarse a pensar que se ha hecho y que se puede hacer. Porque de seguir las cosas como siguen, pasaran muchas generaciones antes de que veamos alguna luz de resolución en Gaza. Es imprescindible nombrar la participación de los Estados Unidos dentro de este conflicto, al ser esta nación el principal aliado de Israel, ha permitido que el estado judío alcance su desarrollo militar. Es así como estas tres piezas: Palestina, Israel y los Estados Unidos han jugado un juego muy peligroso desde que se terminó la segunda guerra mundial. Como piezas de ajedrez se mueven dentro del tablero global para ver quién derrota a uno de los reyes, y cada vez que tenemos estos conflictos es porque alguno de los jugadores retiro del juego a un alfil, un caballo o quizás una torres. Entre cuadrados negros y blancos se han movido las piezas en tierra santa.
Ahora en el siglo XXI tenemos nuevos jugadores. Irán, Venezuela, Egipto y Francia se han unido al juego. Participantes que buscan soluciones o echarle más leña al fuego. Necesitamos un cese al fuego y ayuda humanitaria para los no combatientes, no necesitamos expulsiones de embajadores y metidas de pata diplómaticas. Es preciso lograr un acuerdo entre los que tienen las armas, porque estoy seguro que ambos lados deben de estar cansados de cavar tumbas. Necesitamos un cambio de mentalidad entre los que viven dentro de este conflicto, porque si pasamos el odio de generación en generación la violencia nunca acabará. Estoy seguro que en la Torá y en el Corán no se dice que matar a tus iguales es algo que sera recompensado con alegrías. Se debe aplicar justicia y que los revoltosos, de ambas partes, sean perseguidos y llevados ante las autoridades. A ponerse las pilas el Consejo de Seguridad de la ONU, hagan que se recupere la fe en ustedes porque últimamente no hacen su trabajo bien. Y por último los venezolanos necesitamos un país donde de condenen las muertes locales, los constantes asesinatos semanales y la falta de seguridad en nuestras calles. No necesitamos un gobierno camorrero y que se ponga hablar árabe cuando lo que quiere el ciudadano común es que se hable criollo.
Jefferson Díaz.

viernes, diciembre 05, 2008

EL SABOR DE LAS GAITAS
(Con sabor tequeño)


Pues sí, llegó diciembre y con él todo lo que implica. Hallacas, pan de jamón, dulce de lechoza, guirnaldas guindadas por doquier, las infames lucecitas de los balcones, el San Nicólas de la torre Banesco (perfecto blanco para los gatillo alegres) y, otra vez pasando por el ajetreo de haber salido de un proceso electoral y ahora con las posibilidades -muy en contra de la mayoría- de ir a otro en el primer trimestre del año 2009. En la planta baja de mi edificio desde hace unas seis semanas se ha venido instalando un grupo de gaitas amateur; uno de los dueños del negocio de pintura que hay allí, es el líder de estos "tirame algo". Desde las seis de la tarde hasta las nueve de la noche, esta decena de personas rememora los éxitos gaiteros y entre: cuando voy Maracaibo y empiezo a pasar el puente..., amparito, amparito..., le doy gracias al señor por haberte conocido..., me revientan los cojones y no me dejan concentrarme mientras, decidido, juego Guitar Hero en mi Wii, tratando de olvidarme de tantas enmiendas, traspasos a ministerios y el hecho de que la ingobernabilidad en este país es moneda corriente.
El pasado 23 de noviembre mis expectativas no eran muy elevadas, después de haber escuchado tantos rumores de fraude y atropellos en los centros de votación, decidí que lo mejor era no darme mala vida. Obviando así los mensajes de texto que llegaban a mi celular "informandome" de centros electorales que los militares del Plan República no permitían que se cerraran (situación recurrente en las parroquias de Antímano, 23 de Enero y El Valle). Cuando se emite el primer boletín, con la flamante presidenta del Consejo Nacional Electoral toda peluqueada y con sendo vaso de agua a la mano para pasar los tragos amargos que deja la decisión popular, me puse alerta y con libreta en mano como si de quiniela se tratara empecé a anotar las cifras "irreversibles" junto a los nombres de los nuevos gobernadores y un alcalde. Con esta primera transmisión se despejaron algunas dudas, y mientras Lucena se bebía toda el agua antes de decir Miranda, comprendí que los votos son una vaina muy arrecha de ocultar. Mucha tecnología, muchas máquinas innovadoras, pero cuando las matemáticas no dan, es porque no y punto. ¡Dios bendiga a Pitágoras!.
Llega un poco tarde esta crónica, doce días después de las elecciones para ser exactos. Pero, mi indecisión y mis dudas sobre postear algo en el blog acerca de las pasadas elecciones se vieron despejadas ante el "madrugonazo" que le propiciaron el pasado tres de diciembre a la gobernación de Miranda, quitando de su mando mediante decreto presidencial los hospitales y demás centros de salud. No es de extrañar que un gobierno que se ha visto en los últimos años acorralado por una oposición cada vez más decidida, y no me refiero a los partidos políticos sino a la gente que ya está cansada de tantas pistoladas, recurra a patadas de ahogado haciendo uso de sus potestades como mandamás de Venezuela para meter en un bolsillo las urnas de votación, los papelitos de votos y la voluntad popular de no querer seguir siendo parásitos de un gobierno. A pesar de que ahora en los medios de comunicación veamos desglosada nuestra geografía nacional en flamantes mensajes con letras roja y con el mensaje de que este estado es rojo rojito y el otro también lo es, la crisis económica mundial que se nos viene encima, un precio del petroleo que está tocando fondos históricos y la raspadera de olla que observamos en las gobernaciones y alcaldías que fueron ganadas por la oposición venezolana, da partida a que los "rojo rojitos" no la tienen tan papita como se lo imaginaban.
Cuando pasen las juramentaciones, las cadenas indetenibles y los mensajes sobre firmas acerca de la emmienda; veremos que la batalla propagandistica nos ha dejado un país disfrazado de cartelera electoral. Cuando el polvo se asiente observaremos que muchos de nuestros nuevos gobernantes, ahora deben trabajar con las uñas para poder medianamente presumir de un logro a lo que se vayan. Cuando la tormenta cese, observaremos que ahora somos una nación que no se deja engañar y que abrimos los ojos ante una situación que parecía no tener vuelta atrás. Siempre he dicho que un país se merece a los gobiernos que elige, todavía pienso lo mismo acerca de Venezuela, pero con la esperanza de que mis creencias pueden cambiar. Soy fiel seguidor de: "Bochinche, puro bochinche", sabías palabras pronunciadas por Miranda; pero más allá de que está frase se indicó en otro tiempo de nuestra historia, estoy seguro de que no ha perdido su vigencia. Los venezolanos ahora conocemos nuestras potencialidades como electores, y es nuestro deber conocer nuestro potencial para querer ser mejores.
La Suiza Venezolana.
Subir y bajar de Los Teques en los últimos ocho meses me ha dejado varias experiencias. Un mejor conocimiento de como se maneja una redacción de un periódico, saber que el sistema de transporte en Venezuela es tan vulnerable como una torre de naipes y que traspasar las fronteras de nuestra capital significa adentrarse en otro mundo. Algo así como un universo dentro de otro. Caminar, trabajar y descubrir por las calles tequeñas me ha dado nuevas perspectivas, principalmente porque las regiones venezolanas tienen enormes deseos de progresar, de salir de ese letargo retardario que ha ocasionado que dichos como: "Caracas es Caracas, y lo demás es monte y culebra", se propaguen a velocidades preocupantes. Miranda es un estado muy extraño, por una parte su capital se encuentra escondida entre montañas, como una Quito criollisíma, y porque su diversidad de paisajes da cabida a la más inusual mezcla de tradiciones. Es un estado que puede presumir de un nombre ilustre e internacional, y con una capital que ha sufrido años y años de abandono por parte de sus gobernantes.
En las pasadas elecciones, su regiduría volvió a quedar en manos del Psuv. Pero a pesar de que se vuelve a caer nuevamente dentro de las fauces del lobo, este animal posee bozal y una cadena representada en la gobernación. Con promesas de consejo de ministros, creación de nuevas instituciones y de mancomunidades, los tequeños se despertaron el 24 de noviembre con un sentimiento arraigado de desconfianza. "Ganaste por poco, pero eso no significa que te voy a dejar tranquilo", es el común denominador de las comunidades alto mirandinas. Esperemos que las cosas se den, y que el trabajo se haga de manera correcta. Me considero forastero en una ciudad que no me pertenece, pero como venezolano espero que la evolución ciudadana llegue a todo mi país y que dejemos de ser rebaños encerrados por horribles barandas.
Jefferson.

martes, noviembre 18, 2008

VIENTOS DE CAMBIO


Últimamente después de la victoria de Barack Obama en los Estados Unidos, y de su popular: "Yes We Can" (Sí podemos), observo que a nivel mundial el mensaje a tomado vuelo. En varias naciones de nuestro orbe, la gente clama por un cambio verdadero. Recientemente leí en un reportaje que realizó Newsweek, que las elecciones norteaméricanas no eran tan sólo para elegir al presidente de un país, también consistían en la elección de un líder mundial. Un personaje que supiera llevar los pantalones y se dedicara a guiar a este rebaño perdido y confundido que somos los seres humanos en pleno siglo XXI. La mayoría de los gobiernos mundiales, sean de primer mundo o "tercer mundo", han comprado la idea de Obama y se han puesto a gritar a los cuatro vientos: ¡Es la época del cambio!. Por supuesto que Venezuela no podía escapar de esta línea, y menos cuando nos encontramos frente a la puerta electoral. ¿Será que los venezolanos ya estamos listos para ese cambio?.
Recientemente conversaba con algunos compañeros de clase, las diferentes tipologías de las campañas electorales criollas. Todos coincidimos que después de la hazaña realizada por el coloso del norte; tanto psuvistas, como oposicionistas, independientes y candidatos a reinas de carnaval, incluyeron dentro de sus planes de gobierno: un cambio. Ahora bien: ¿es ese cambio real o tan solo es un ardid propagandístico?, la respuesta no se encuentra más allá de nuestras narices. Ejemplos los encontramos cada día, cuando observamos banners electorales, pendones y vallas publicitarias donde el candidato de turno no se puede exponer, a menos que no este "el comandante mismo" levantandole el brazo. Creo que ese cambio que tanto auguran es nada más de silla, de capitán, de barco y de personal, porque los ideales retrógradas siguen siendo los mismos. ¡Claro!, el otro lado tampoco se queda muy atrás. Prometiendo renovaciones, cuando nisiquiera se puede concretar una tan ansiada unidad, en territorios donde la cosa debería ser fácil.
Es cierto que nuestro planeta necesita un cambio. Ya basta de años y años de correr como carricitos sin disciplina por las economías y políticas mundiales. Necesitamos asentar cabeza y empezar a formular un plan de futuro, donde las próximas generaciones puedan seguir disfrutando de las libertades básicas que todos necesitamos. Es aquí donde la comunicación juega un papel fundamental dentro de nuestro desarrollo; los que estamos montados en la nave del manejo de la información, sabemos que la responsabilidad que se ha colocado en nuestras manos es enorme. Para mí, un comunicador social (en todas sus ramas) es una persona con un trabajo tan importante como el de un médico o el de un policía; debido a que manejamos herramientas que fácilmente pueden cambiar la manera de pensar de una sociedad. Desde la llegada de la imprenta, de la televisión y más reciente, de la Internet, hemos observado como ese poder se ha multiplicado por millones de voces que ahora no necesitan de un título universitario para narrar un evento. ¡Ahh! pero como diría Sun Tzu en el Arte de la Guerra: "un ejercito sin comandante, más bien sirve para mejorar la condición del enemigo que para obtener una victoria en el campo de batalla". Son los que saben como se baila el joropo, los que pueden jerarquizar que es una noticia veráz y concreta de lo que es tan solo un rumor.
Una vez le pregunté a mi profesor de Historia de la Comunicación, si los periodistas se estaban convirtiendo en una especie en extinción. Su respuesta no pudo ser más simple: No, porque el querer comunicarse y saber como hacerlo, es algo tan innato en el ser humano como caminar. Es por eso que mis esperanzas aún no mueren. A pesar de teléfonos que vuelan, carros híbridos y de combustibles que salen de una mazorca, los comunicadores sociales no nos quedaremos sin trabajo. Entonces, con tantas cosas por hacer, ¿por qué no captar un poco de esas ideas de cambio y aplicarlas para el beneficio de nuestros receptores?. Acabar de una buena vez, con las ideas acartonadas y hacer entender a los políticos y líderes de turno que los venezolanos ya no nos chupamos el dedo. Que poco a poco comprendemos que este país es único y que por él vale la pena echarle un camión de...
No voy a obviar las condiciones excepcionales que rodean a la sociedad venezolana hoy en día. Lamentablemente se vivió una época bastante radical, donde un bando no se podía encontrar con el otro, por lo que quedaron profundas cicatrices en nuestra conciencia global. Pero, también es muy cierto que hemos aprendido a razonar, que desde ambos lados se análiza al adversario antes de actuar. Aprendimos que no se puede subestimar a nadie, ni en las mesas de votación, ni en la calle. Nos guste o no, en la historia de nuestra nación se marcó una etapa antes de "el comandante" y lo que será después de él. Venezuela era un país rebelde, un James Dean caribeño que después de estrellarse en su convertible, está empezando a recoger las partes destrozadas de su sentimiento nacional. Por mucho tiempo se vivió con una benda en los ojos.
En la exposición de motivos del Código de Ética del Periodista Venezolano, las palabras de su segundo párrafo no da libertad a equivocaciones: "El periodista concibe la libertad de información como un factor de la elevación espiritual, moral y material del hombre. En consecuencia, debe denunciar como fraudulento invocar este principio para justificar intereses mercantiles o sensacionalistas o para convalidar tergiversaciones del mensaje informativo". No es mi deseo aleccionar a nadie, y mucho menos cuando se es un pichón en este medio; donde las cosas van saliendo del cascarón poco a poco, y no siempre de la manera en que uno se lo espera. Mi inocencia no debe ser confundida con "caidismo de la mata" sino con inexperiencia. Situación que se resuelve con el tiempo y con un sentimiento continuo de alerta y de ver por donde caminas. Después de recordar esa exposición de motivos, no queda duda alguna, nosotros somos agentes de cambio. El punto está en ¿qué tipo de cambio queremos promover?.
Luchemos por las desinformaciones, por las barreras que se nos colocan día a día a la hora de buscar una fuente de información. Detengamos el atropello de las autoridades a la hora de querer usar nuestra pluma como una espada de Damocles. Ignoremos los insultos de las personas que sin poseer la verdad, nos dan de puntapiés verbales para que caigamos hasta su nivel y nos revolvamos en el barro de la iganorancia. ¡Somos agentes de cambio! ¡Seamos los periodistas y comunicadores que nuestro país se merece!.
Jefferson.

jueves, noviembre 13, 2008

DIAMANTES EN BRUTO

Venezuela es enorme. No, no he descubierto el agua tibia. Esto es un hecho básico, escolar si queremos enmarcarlo dentro de una definición. Por ser un territorio tan amplio, se podría asumir que sus aldeas urbanas, llamense ciudades, están distribuidas a lo largo y ancho del país. Logrando así, que los hacinamientos sean una sitación extraña para los caraqueños y venezolanos en general. Estableciendo una nación donde para pagar el teléfono, hacer mercado o inclusive comprar una entrada para ver una película en el cine, no se convierta en una tortura de más de sesenta minutos de mentadera de madres y comparaciones no muy amables acerca de ciertas partes reproductoras masculinas hacia los encargados de proveernos el servicio. Sí señores, Venezuela es grande de tierra, pero pequeña en conciencia.
No me quiero poner a dar lecciones de historia, todos sabemos que con el descubrimiento del petróleo, por allá a comienzos del siglo veinte, nuestro país agrícola se paso al bando de los chicos malos. La era de los hidrocarburos había llegado y la joven nación venezolana no quería perder ese bonche. Zumaque número uno, fue la señal de partida para que los agricultores fueran a buscar suerte en la ciudad, así que, primera parada: ¡Caracas!. Nuestro hermoso valle, rodeado por una cordillera montañosa, conocida como el Ávila; era para aquel entonces una ciudad pujante, con ganas de ser reconocida y de participar en el baile de debutantes. Con sus grandes barriles de petroleo escoltandola hasta el centro de la pista de baile de lo que sería el salón de fiestas de la Opep. Nos convertimos en la Venezuela Saudita, y nuestra capital tenía que ser la Alenjadría de la antiguedad, la Jerusalén antigua llena de gloria (antes de que el emperador Flavio Josefo la destruyera en el siglo 70), algo así como la Chicago de Obama pues.
Sí, claro que se vivía bien. Pero luego, después de años de pasarnos jugando ponle la cola al burro, nos quitamos la venda de los ojos y logramos observar nuestra realidad. Se necesitó un Caracazo, dos intentonas golpistas y un viernes negro para que bajaramos de esa nube del dólar a 4, 30 y vivieramos en carne propia lo que teniamos como país. Hoy en día, seguimos luchando por salir de ese sueño, ahora sin la venda en los ojos tratamos de soltarnos de las amarras de un proceso "revolucionario" que nos quiere devolver a esa época donde lo único que se comía era petróleo. Sí, Venezuela es grande. Somos enormes de corazón, de fuerza de voluntad, de coraje y por sobretodo de paz. Nuestra diversidad de paisajes naturales y maravillas ambientales nos hacen justicia a la diversidad de pensamientos que podemos llegar a tolerar.
Mientras tanto debemos aprender que en los modales y en el respeto está el progreso. Nuestra querida Caracas, una señora de edad moderada y que merece que la traten como una tazita de plata. Necesita que la quieran, que no la ensucien y que no la olviden. Somos más de tres millones y medio de caraqueños que viven en un espacio que va desde Propatria hasta Palo Verde, pasando por Antímano y El Valle. Sus sistemas de transporte público colapsaron hace rato, evidencia de esto son las enormes multitudes que convierten en tarea imposible entrar en el Metro a las cinco de la tarde. Sus calles agrietadas como el desierto, se quedaron con el auxilio en la boca esperando a que las repavimentaran. Caracas, está demacrada y merece un cariñito. ¿Por qué dejar entonces que se llene de basura y de propaganda electoral? ¿Por qué no usar nuestros cerebros y dedicarnos a publicitar por medios alternativos que no manchen nuestra capital? ¿Acaso no estamos en la era del Ipod?.
La ciudad de los techos rojos ya no aguanta más, porque ahora para rematar debe soportar con el enorme título de ser la capital más violenta del mundo. Señoras y Señores que vivimos en esta urbe: ¿será que olvidamos dónde vivimos?. Permitanme recordarles que las calles que pisamos a diario vieron pasar a los más ilustres heroes de América, que aquí se desarrollaron grandes artistas plásticos y excelentes escritores. Que aquí tenemos patrimonios culturales, jardínes escondidos y miles de historias que esperan por ser contadas. Todo esto es razón suficiente para terminar de pulir nuestro diamante en bruto. Ese pedazo de piedra preciosa en la que se ha convertido nuestra ciudad; puesto que debajo de capas y capas de ignorancia, suciedad y división se encuentra un lugar donde todos podemos vivir en paz.
No soy Tomás Moro, y esta no es mi Utopía. Tan solo son líneas que se necesitan escribir más a menudo. Son palabras que debemos recordar a diario, porque si uno hace la diferencia quizás muchos más sigan el ejemplo. Ese es el principal problema, mientras a mí no me irrespeten mi espacio y mis decisiones los demás que se vayan por el caño. Recordemos que la ciudad funciona como un todo, que somos un organismo vivo que comparte emociones, actitudes y por sobre todo los errores. Lo que me afecte en el Oeste me afectará en el Este. ¿O es qué tú crees que las barreras del dinero te protejerán de una Caracas furiosa?, no, las cosas no funcionan así. Nosotros Caraqueños de sangre y adoptados, sean bienvenidos a la nueva onda de proteger el espacio en donde vivimos.
El mensaje también va para las demás urbes, seamos la excelencia que nos hemos negado por mucho tiempo.
Jefferson.