domingo, octubre 24, 2010

PODER


¿Quién no quiere poder? Nadie, absolutamente, nadie. Dentro de los instintos humanos, está de primero la supervivencia del individuo. Es por eso que a través de nuestra historia, hemos potenciado la necesidad de destacar sobre la sociedad para garantizar el mejor desarrollo. Es el poder, en sus diferentes formas: político, social, económico, cultural, entre muchas; que nos llama cuando tenemos la capacidad y habilidad necesaria. Sin embargo, no todos son capaces de alcanzar esa potencialidad, es improbable que un conjunto superior a unos centenares de individuos, por generación, logren involucrarse globalmente con la conciencia de un planeta que funciona bajo el mando de líderes elegidos, y que buscaron esa posición.

Qué incidimos con estas primeras líneas: todos somos capaces de lograr grandes cosas, pero muy pocos se atreven. Si observamos con detenimiento el ambiente donde nos desarrollamos, notaremos que existen ciertos prejuicios y tapaderas, que no dejan recorrer el camino esperado con todas nuestras fuerzas. Por ejemplo: si usted desea ser el mejor jugador de béisbol, no lo logrará eligiendo una carrera científica. Desde la edad en que somos conscientes de nuestras decisiones, se debe enfocar la mente en la materialización de las ideas. Cuando la oportunidad dice su nombre, no la ignore, y persiga esa consignación del éxito que puede convertirse en realidad. Sonará a libro de auto ayuda (lectura que personalmente detesto) pero las metas se alcanzan con la inteligencia de la acción. No seas una mosca sobre la pared, convierte en el mata moscas. De allí viene el poder de tus elecciones, y cómo podrán influir en los demás. Quizá no es conveniente sermonear, menos aún una personas que ha dejado muchas cosas por terminar, pero mientras leen estas líneas, sepan que la creación de textos, es mi principal poder.

Es cuando entramos en la etapa de reconocimiento y aplicación. Todos sabemos que la vida no es como la pintan en las películas. Repetir ese mensaje bordea lo cliché, pero también, ustedes saben, que el humano es imperfecto y necesita que las cosas se las digan dos veces. Por lo que soy fiel creyente que cambiando ciertas actitudes, poco a poco, se logran los objetivos. A muchos les sorprenderá que escriba mis mensajes de texto sin errores ortográficos, que la amabilidad y respeto sea una constante hacia las personas que recién conozco y con las que tengo años compartiendo, que el pensamiento filosófico sea mi vocabulario y el conocimiento mi verbo (el poco que tengo, hasta los momentos) Son pequeñas victorias que he adaptado a un sistema de vida. Un engranaje que sigue lleno de errores, pero que se ajusta ante los lanzamientos que me hace la existencia. Es allí donde todos debemos conocer la tierra que pisamos, y lo que podemos obtener a mediano y largo plazo. Entender nuestra personalidad, la fortaleza mental y física que tenemos, para aplicarla a nuestro día a día.

Una vez logrado éste paso, nos ponemos en marcha. Hay dos vías: la fácil y la difícil. Así de sencillo. La fácil es la que todos eligen –qué sorpresa, ¿verdad?- donde obtener el poder se basa en el amedrentamiento y miedo de una sociedad. Nos volvemos poderosos de la noche a la mañana, vociferando discursos encartonados con lo que la gente quiere oír. Somos inteligentes, de eso no hay duda, pero bailamos sobre un hielo muy frágil, que se agrieta ante los cambios de humor de una manada ignorante y sin razón. Sabemos lo que les dueles, lo que les hace falta y lo ofrecemos en pequeñas cuotas. Como la prostituta que dice: “te quiero” a cada cliente. Así es la vía sencilla: simple y coordinada con el estudio de un conglomerado que perdió el rumbo hace tiempo. El poder nos llega y debemos mantenerlo a todo costo, nuestro legado será un salvajismo faltante de ideas u opiniones. Todos sabemos que el mundo está minado de estos ejemplos, que nunca cesarán y que siempre estarán presentes. En términos románticos: una lucha entre el bien y el mal.

Pero ahora, ¿qué es lo bueno? Para muchos, lo aceptable está dentro de la vía difícil, donde el estudio, la comprensión de las leyes, el conocimiento de lo racional y la aplicación del debate bordean la utopía de una sociedad que aún no se construye. No me mal interpreten, en lo personal creo que este es el camino correcto. Un poco desgraciado, pero correcto. En parte, empieza desde el núcleo, de esa semilla que nos lanza a relacionarnos con el mundo por primera vez: nuestra familia. Un concepto escolar nos dice que es: “el centro de la sociedad”, sin estar alejado de la verdad. Si nacemos dentro de la violencia, tomaremos el poder por la violencia. O si la opción es una crianza con lo ostentoso, pues no tendremos muchos problemas para creernos la última Coca Cola del desierto. De allí viene la razón y causa. Entonces tomemos la metáfora de la hormiga, que cargando cinco veces su peso, obtiene lo mejor para su hormiguero. ¿Será reina algún día? No, no cuenten con ello.

Aquí es donde la cosa se pone interesante. El poder no se vende, pero si se puede comprar. ¿Con qué? Con curriculum. Sí, no les miento, con curriculum. Pero no esa hojita de papel que todos conocemos, donde alabamos nuestras destrezas, mentimos un poco sobre nuestros logros y exaltamos la personalidad. Conozco a unos cuantos con masters en Harvard, que ahora se dedican a vender donas o hallacas. Les habló de la hoja de vida picaresca, de cómo su verdadera inteligencia será la garante de su poder. Todos recuerdan a Einstein, ese renombrado físico que generó la teoría de la relatividad, cuanto está bien documentado que de joven, no era muy bueno con los números. Y qué me dicen de Gates, ese muchacho que dentro de su garaje levantó Microsoft, sin preocuparse por el resto del mundo. Son ejemplos de personalidades que saltaron lo obvio, para ir hasta una cuarta dimensión de pensamiento. Por supuesto, no todos tenemos las capacidades de ser astro físico o genios de la computación, sin embargo al reconocer (verdaderamente) tu persona, sabrás para lo que eres bueno. Recuerda el poder no te da fama, te construye un legado.

¿Por qué esa necesidad de ser poderosos? Porqué desde que el mundo es mundo, hemos adorado el ego y al personaje. Pasando por nuestro próceres (a quienes les construimos panteones) hasta presidentes que ponemos en nuestros billetes. El culto a la persona es uno de los placeres que busca el hombre. No se mientan, reconozcan que nos gusta ser reconocido por nuestros éxitos. Y si es a nivel global, mucho mejor. Es la sensación de que nuestro verbo será el que conduzca las decisiones de la humanidad. Un trabajo, excepcionalmente grande, que se puede obtener pero muy pocos pueden mantener. Y es que hay que tener en cuenta lo que le dicen a Spider-Man (no, no me volví loco) esa frase que abarca todo lo que aquí se escribe: “con gran poder, viene una gran responsabilidad”. No importa que seas el más fuerte, la más sexy, el más culto o nadando en fortuna. Si usted no somete su vida a una balanza donde lo justo y lo correcto estén al mismo nivel, vivirás siempre en un acertijo de decisiones. Si no me creen, observen a las Naciones Unidas. ¡Salud!

Jefferson Díaz